<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969</id><updated>2011-09-15T12:58:04.967-03:00</updated><title type='text'>Crónicas de Blue Rider</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>12</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-6768840021211496779</id><published>2010-09-29T05:57:00.011-03:00</published><updated>2010-09-29T06:48:05.155-03:00</updated><title type='text'>Flotilla de fábulas en Tacuarembó</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKME-v8L_gI/AAAAAAAAAOI/H8SBpCDSw24/s1600/100_0370.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522263044153671170" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKME-v8L_gI/AAAAAAAAAOI/H8SBpCDSw24/s400/100_0370.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMEHZqF9vI/AAAAAAAAAOA/2KSZxDiu_tU/s1600/145_2424.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522262093279393522" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMEHZqF9vI/AAAAAAAAAOA/2KSZxDiu_tU/s400/145_2424.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El lugar se llama &lt;em&gt;Cañada de los Peña&lt;/em&gt;, por donde la ruta cruza un arroyito típicamente serrano y va cayando de peña en peña para formar un tímido remanso hacia la oscuridad de los árboles, más allá de donde una mujer leía y escribía sus pensamientos de domingo, huyendo de otro domingo pleno de motos que habían tomado su pueblo, huyendo hacia el sol y el agua. El sonido de las cascadas bajaba como un mantram, entre las piedras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero una &lt;em&gt;flotilla de fábulas&lt;/em&gt; llegó a la paz de ese monasterio de sarandies, habiendo descendido una empinada cuesta en curva y traspasado más acá un puentecito angosto, y se estacionó después del último rebaje, acallando el rocanrol de sus motores. No hay apuro, se dijeron, aquí comeremos y beberemos. Tenemos todo el tiempo del mundo para retomar las curvas y las lomadas y contemplar el vasto páramo de las serrranías orientales, pues la 31 que une Salto con Tacuarembó es una típica ruta ochentosa: con muy poco mantenimiento, por momentos peligrosa por el ripio suelto en varias de sus muchas curvas, baches y pozos por doquier, muy solitaria (ninguna estación de servicio en sus 200km), apenas un par de caseríos más cerca de Salto, sólo campos, latifundios que desde la colonia aún conservan, de sus corrales de pirca, algunos centenares de metros de antigua piedra demarcatoria de una propiedad que no debería haber sido tal. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMFoHeMy2I/AAAAAAAAAOQ/cYb4aBsxrGs/s1600/145_2385.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522263754844982114" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMFoHeMy2I/AAAAAAAAAOQ/cYb4aBsxrGs/s400/145_2385.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt;La Blue Rider en la plaza de Tacuarembó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMGcZin8xI/AAAAAAAAAOY/GWbXpEXA7L4/s1600/100_0349.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522264653048574738" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMGcZin8xI/AAAAAAAAAOY/GWbXpEXA7L4/s400/100_0349.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt;Bar Restaurant &lt;em&gt;El Gamo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada se pierde hacia un valle, hacia una arboleda lejanísima. De cuando en cuando una tropilla de caballos, una tropa de vacunos, algunas ovejas que cruzan el camino, irrumpen la soledad, o algunos caranchos aprovechan las térmicas para trepar por sobre los cerros, sin mover siquiera una pluma, como grandes maestros del vuelo que son. De cuando en cuando se escucha el silbido de una fugaz moto pistera que pasa en una exhalación, ajena al mundo del páramo, como en una película de ciencia ficción, perdido su conductor en la burbuja del carenado, invisible, ausente, anónimo y al pasar sólo queda el sonido a turbina de las altas revoluciones, la fricción del viento, la furia sin sentido. Pero enseguida todo vuelve a la soledad, al silencio de los pájaros que planean allá arriba y a la lectura mística de Andrea, la mujer de la cascada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la región de Tacuarembó. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMG86UtwAI/AAAAAAAAAOg/mp0WtNO5Lic/s1600/145_2416.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522265211604418562" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMG86UtwAI/AAAAAAAAAOg/mp0WtNO5Lic/s400/145_2416.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt;El intrépido &lt;em&gt;Coke&lt;/em&gt; y su máquina viviente de lejanos tiempos: la Jawa 2T, choppera.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMHwkyk40I/AAAAAAAAAOo/_lVKjeVdZkA/s1600/145_2428.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522266099177284418" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMHwkyk40I/AAAAAAAAAOo/_lVKjeVdZkA/s400/145_2428.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt;El equipo parrillero: Beto, Marcelo y Adrián.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Cierto es que cada paisaje tiene su ritmo, su música. Las motocicletas bajan un cerro. Miro esas colinas y esos valles, aquellos derruidos corrales de pirca y no dejo de pensar en alguna milonga oriental de Washington Benavides:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dijo el muchacho a la moza: / desde el comienzo te vi; / en el sueño, en la vigilia, / como un jazmín del país. // Perfume de la alta noche, / pequeña flor constelada, / en el patio con aljibe / y en mi corazón, guardada. // Yo me voy con Aparicio, / sé que otra divisa labran / tus manos, y llevarán / los varones de esta casa. // Yo me voy con Aparicio, / pero mírame a la cara, / que lo que voy a decirte / se dice una vez y basta. // Sólo una cosa podría / detenerme, una palabra; / di que me quede y me quedo, / jazmín del país, muchacha. // Ella lo miró a los ojos, / pero no le dijo nada, / y nada dijo después, / cuando cayó con Saravia. // Perfume de la alta noche, / pequeña flor constelada, / en el patio con aljibe / y en mi corazón, guardada. &lt;/em&gt;(Como un jazmín del país, Washington y Carlos Benavides, 1974)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cañada de los Peña, un arroyito tributario del río Tacuarembó Chico. ¿Alguien le habrá dedicado una copla a este apacible lugar? No lo sé. Cuando vuelva al pueblo del Chueco Maciel le preguntaré a la poeta Circe Maia, a quien conocí en una visita fugaz en su casa. Le preguntaré a los parroquianos del bar-restaurante &lt;em&gt;El Gamo&lt;/em&gt;, pues sin dudas por ese local habrán pasado Eduardo Larbanois, Numa Moraes, Darnachaus, el barcito de aquella esquina, conservado como los viejos y auténticos bares, cuya magia no han perdido pese al estropicio de la posmodernidad y la macdonalización, pues en sus paredes aún perviven viejas fotos del fútbol departamental, de competencias automovilísticas o ciclísticas o aquella más importante aún, de cuando Juan Jacinto López Testa cortaba la cuerda de llegada y superaba el récord olímpico de los 100 metros llanos, marcando 10,2 segundos. Era por 1947 y según me dice su hijo, el actual propietario del local, practicaba en la ruta, midiéndose en velocidad con los ómnibus que salían de Tacuarembó. Yo pienso que los micros de entonces habrían de cronometrar sus tacómetros al trote del atleta uruguayo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia que se hace grande en la medida de los pueblos pequeños y sus nombres o referencias se van perdiendo en las cuerdas del tiempo. &lt;em&gt;Laguna de las lavanderas, Cañada de la Matutina, Arroyo Quiebra Yugos&lt;/em&gt;… La patria gaucha también guarda nombres de sus músicos, poetas, cantautores que han surgido de Tacuarembó y que escuchábamos cuando chicos en los discos del sello Orfeo y en los programas folclóricos de las radios de Paysandú o Salto, vaya uno a recordar, en aquellos “&lt;em&gt;gloriosos setenta&lt;/em&gt;”, en que la mirada volvía a sí misma y los Viglietti, Zitarrosa o Labandera, buscaban en los poetas nacionales (y vivos) aquellas poemas y canciones que luego serían recordadas por toda mi generación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMI0APCL6I/AAAAAAAAAOw/JRlXKiZxPtg/s1600/100_0364.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522267257595637666" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMI0APCL6I/AAAAAAAAAOw/JRlXKiZxPtg/s400/100_0364.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora acelero un poco la moto, le doy más fuerza a la Blue Rider para trepar una cuesta empinadísima y me digo, con Benavides, “&lt;em&gt;yo no soy de por aquí, no este pago mi pago / es otro que ya no sé / si lo hallo”&lt;/em&gt; mientras la caravana sigue como un sendero de hormigas tomando las curvas y las contra curvas y las recontra curvas. No habituados a tan sinuoso camino, algunos percances mínimos habríamos de padecer, pero Marcelo (YBR 250), Claudio (NX250), Sergio (Gilera 275), Rolo (Tornado), Javier (Twister 250), Beto (Virago 250) y Adrián (V-Storm) hicieron muy elegantemente el recorrido de la 31, que jamás habíamos hecho. Por su parte, Sofanor (Virago 535), Luis (V-Storm) y Fredy (Varadero), anduvieron los mismos caminos pero en diferentes momentos lo cual no quita que hayamos compartido birras y milangas por la noche. Y sólo a Néstor le permitimos la locura fugaz de hacer 250 km para estar dos horas con nosotros y volver al atardecer en su nave espacial modelo Goldwing. Y en un puentecito, esperamos a Coke y un trío de Jawas que venían fumigando de lejos. Mezcla de combustible para los 2T checoslovacos: aceite no menos del 8%! Y por el olor, parecía que habían cargado con aceite de girasol! Pero &lt;em&gt;“yo no soy de por aquí, no este pago mi pago…”&lt;/em&gt; porque sobre estas cuchillas y estos pedregales no hay la misma luz que en mi provincia entrerriana. Acá la luz enciende lejanías y hace que las nubes desciendan hasta los valles. Acá la luz de septiembre son filamentos de iridio recorriendo las cuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en ella yo voy improvisando en mi pensamiento, y los compañeros se ríen de mis gestos, pensando qué pensará este loco con motocicleta azul: &lt;em&gt;“Voy a zumbar esta moto / en medio de las pisteras, / óyeme bien, en medio de la pisteras, / pa' ver si existe otra moto / que quiera viajar y pueda. / Verdad mi hermano, que quiera viajar y pueda. // Cuando me pongo a viajar / no pido permiso a nadie./ Cuando me ponga a viajar / no pido permiso a nadie, / que eso de pedir permiso / es cuando el hombre es cobarde. / Verdad Adrián, es cuando el hombre es cobarde”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMJVhUJGoI/AAAAAAAAAO4/xedKJacC0Ek/s1600/145_2407.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522267833411115650" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMJVhUJGoI/AAAAAAAAAO4/xedKJacC0Ek/s400/145_2407.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Lo mejor de los motoencuentros no es otra cosa que el viaje”&lt;/em&gt; dijo alguien mientras se doraban los “chori” en una improvisada parrilla a la vera del arroyo entre piedras. Daban ganas de quedarse bajo aquel &lt;em&gt;“Cielo, mi cielito lindo, / danza de viento y juncal, / prenda de los tupamaros / flor de la Banda Oriental…”&lt;/em&gt; Pero después de un rato igual tuvimos que encender los motores, calzarnos cascos y guantes y tomar el camino del regreso hacia el Poniente, mientras tarareaba: &lt;em&gt;“Una por mí se moría, / yo me muero por usted, / usted se muere por otro; / qué mundo tan al revés. // Coplas con sabiduría, / que en el camino encontré, / tanta vida en cuatro versos, / pa’ mis adentros pensé”. &lt;/em&gt;(Washington Benavides - Eduardo Larbanois) (28-09-2010)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMJ1FvJdbI/AAAAAAAAAPA/wZM0FdqTFgk/s1600/145_2438.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5522268375764006322" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKMJ1FvJdbI/AAAAAAAAAPA/wZM0FdqTFgk/s400/145_2438.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt;...y la bella soledad de los campos infinitos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-6768840021211496779?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/6768840021211496779/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/09/flotilla-de-fabulas-en-tacuarembo.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/6768840021211496779'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/6768840021211496779'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/09/flotilla-de-fabulas-en-tacuarembo.html' title='Flotilla de fábulas en Tacuarembó'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TKME-v8L_gI/AAAAAAAAAOI/H8SBpCDSw24/s72-c/100_0370.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-863999746196798116</id><published>2010-07-27T20:56:00.003-03:00</published><updated>2010-07-27T21:09:00.078-03:00</updated><title type='text'>Wayra al Sur, I</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TE9yp2plcpI/AAAAAAAAANs/KBaXvWURN9o/s1600/wayra+sur1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5498739733412803218" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 250px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TE9yp2plcpI/AAAAAAAAANs/KBaXvWURN9o/s400/wayra+sur1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Un dos de enero de Concordia monté la &lt;em&gt;Wayra&lt;/em&gt; y puse el parabrisas rumbo al sur. Dije &lt;em&gt;“voy a llegar al menos hasta Trelew”.&lt;/em&gt; Me creyeron los &lt;em&gt;Caballeros Ochentosos&lt;/em&gt;. No me creyeron otros.  Pero igual salí a la RN 14 sin más experiencia que un par de cientos de kilómetros y la seguridad de la banquina. Sin embargo, esa mañana en la ruta de la muerte había pocos Volvos o Scanias que transitaban feroces. El sonido de las cubiertas sobre el asfalto húmedo de la lluvia reciente era como reconfortante. El motor vibraba poco y se mantenía a ritmo parejo a 80 km/h, incluso hasta los 90, sin necesidad de envueltarlo. Campos sembrados, montes de eucaliptos, puentes, pueblos, la autopista, los grandes puentes del complejo ferrovial Zárate-Brazo Largo. El acceso a la Provincia de Buenos Aires. La estación de servicio para encontrarme con Pablo Garibaldi y su familia antes de sumergirme en la maraña de caminos rumbo a Luján y luego Chivilcoy y luego Azul donde me esperaban Augusto y Lidia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como todo viajero primerizo, llevaba más cosas que las necesarias. De todos modos, la Wayra se la bancaba y pudimos encarar los caminos más transitados con elegancia, como pareciendo una moto de gran cilindrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre Chivilcoy y Azul me encontré sin saber y al mediodía con la largada del famoso Rally Dakar, evento que no ameritó más curiosidad que la sorpresa. Pero llegando a Tapalqué me refugié algunos minutos a la sombra de un gigantesco carro. Jamás en mi vida había visto un carretón de semejante tamaño. Augusto Meyer me esperaba a la entrada de Azul para acompañarme hasta su casa. Pero de tal encuentro con él y la flaca, Lidia, contaré en futura crónica, pues ambos se merecen un relato aparte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un par de días, habiendo descansado en casa de los amigos, retomé la marcha y fui adentrándome más y más en caminos menos transitados, como la ruta 76, donde el viento hizo su aparición sobre la pampa bonaerense, sobre los grandes campos cultivados, aquellas llanuras extensas donde apenas se divisaba hacia el sur la forma difusa de Sierra de la Ventana. Tonrquist fue solo una pasada para cargar combustible, almorzar unas frutas en la plaza deshabitada y conversar con un viejo evangélico que ofrecía su casa como alojamiento a cambio de prestarle yo mis oídos a sus advertencias apocalípticas. Pero me esperaban unos cuantos km por la ruta 33 para hacer escala en las afueras de Bahía Blanca. Armar la carpa, cenar, bañarme y dormir en una estación de servicio fue la opción elegida, mientras por la ruta 3 pasaban los camiones y el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, en medio de suaves lomadas, me cruzó un viejo Falcon adelantándoseme y de adentro a los gritos me avisan que iba con la pata baja. No sé por qué pero de pronto me acordé del poema Itaca, de Constantinos Cavafis, vaya uno a saber la asociación de ideas, sería por la despreocupación con que viajaba, no lo sé. Igual la marcha la mantenía entre 80 y 90km/h y pude llegar sin tardanzas al acceso a Bahía Blanca, así que descansé un rato en una estación de servicio y entré de lleno en la RN 3, donde, kilómetros más adelante, hice escala en otra estación de servicios donde ya me detuve finalmente para hacer carpa, baño, cena. Había tenido el primer día de encuentro con el viento, presagio y adelanto del que de ahora en más me esperaría a lo largo de la ruta más afamada de la Patagonia (sin contar la 40, claro está).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armé la carpa como pude (jamás la había probado antes de viajar) pues el viento de la noche insistía en impedírmelo. Cociné un arroz con no sé qué, esos de sobrecitos, y más salado que agua de mar, pero por suerte contaba con una botella de vino que había comprado allí. Al terminar, limpié y guardé todo y me fui a dormir. Había hecho casi 800 km en una sola jornada y eso lo sentiría al otro día, atravesando los confines de la Provincia de Buenos Aires y con mucho calor encima. Hasta ahora y salvo una pequeña pérdida de aceite, la &lt;em&gt;Wayra&lt;/em&gt; se venía portando como una reina. Pero estaba el viento. El viento. Y la insolación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes se aventuran a viajar en moto por la Patagonia, deberán tener muy presentes estos dos grandes enemigos en las grandes distancias. El viento casi permanente todo el año y el sol del verano, pues hasta latitudes altas a partir de Santa Cruz, la radiación solar será inclemente, llegando a temperaturas por encima de los 40° a partir del mediodía, y su consecuente proceso de deshidratación que sufre el motoviajero, inadvertido, solapado, siempre acechante. Es oblitatorio por ende detener la marcha al menos cada hora y media, dos horas como mucho, detenerse y beber mucho líquido; descansar en la primera estación de servicio que encuentre (no son muchas) o entrar a los pueblos que cruzan su derrotero. La distracción es fundamental para compensar la monotonía de la ruta. Es importante también leer toda la información que a través de blogs y páginas hay en la red sobre los viajes en solitario por la Patagonia, desde motos de bajas cilindradas hasta máquinas poderosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viento es una presencia inolvidable, feroz a partir de determinada latitud (45 a 50° S). Una agresiva manifestación del Gran Sur, que por lo general y prácticamente nunca deja de embestir con dirección SO a NE. De manera constante, arrachada a veces, a veces cambiante, sorpresivo al salir de un cañadón, harto peligroso al pasar un vehículo mayor, ladeado y que ladea la moto, hasta incluso llevarla hacia el carril opuesto o sacarla de la ruta. Son innumerables los relatos de motoqueros despistados por el viento. Los conductores esfuerzan a sus motos para mantener los promedios y los motores se calientan más de la cuenta y el consumo de combustible aumenta considerablemente en la ingenua pretensión de querer ganarle al viento. La tensión y el estrés hacen el resto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hilario Ascasubi, Pedro Luro, Villalonga, Stroeder, fueron pasando como rompiendo la monotonía de patagonia que recién empieza, parcelas a veces sobrealimentadas de agroquímicos para producir soja, ¡incluso aquí!, en medio de un paisaje de tierras grises pero donde cada tanto un canal de irrigación pone un poco de verde en el páramo. La tierra dominada a fuerza de lucha constante, con sus pueblos agropecuarios de casas bajas y vidas rutinarias, de veranos inclementes e inviernos rigurosos. En Pedro Luro entré solamente para comprar unas frutas y agua. Era al mediodía. Todavía me esperaba un buen trecho para alcanzar Carmen de Patagones y cruzar el Río Negro, que no es negro sino de un azul parecido al Uruguay. Y a eso de media tarde crucé el puente viejo y tomé la avenida costanera de Viedma, buscando un reparo en la fresca sombra de la costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía al partir la ilusión de visitar la Isla del Jabalí, pero como eran unos cuantos kilómetros de camino que no estaba en buen estado que no quise hacer sufrir a la Wayra. Hice noche en Viedma con la idea vaga de conocer la playa al otro día, acampando en el Balneario El Cóndor y pasar allí un par de días, pues en la oficina de turismo me habían dicho que había varios y buenos campings. Estaba anocheciendo todavía cuando ya había cenado unos sángüiches y me desplomaba en la cama presa del sueño. La insolación había hecho su silencioso trabajo de cansancio y de dolor de cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, temprano y recién desayunado, controlé el nivel de aceite del motor y aceité la cadena, cambien el foquito del stop que se quemaba por nonagésima vez, ajusté todo el equipo que llevaba encima como un gitano trashumante, y partí ansioso rumbo a la ruta 3. Craso error. Me hubiera quedado. Hubiera marchado hacia el balneario y descansado más. La ansiedad por llegar a Trelew empezó a roerme la mente y calculé (mal) que estaría allá al atardecer, a más tardar, pues sólo tenía unos 540km por delante.  Pero no contaba que entraría a San Antonio Este (el otro puerto, con sus balnearios menos conocidos, más desolados, más interesantes) y allí me demoraría unas cuantas horas dándome el placer de almorzar un plato de mariscos en una fonda de pescadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego volví a lamentar que no haya hecho noche allí por varios motivos. El más importante fue que esas playas interminables invitaban a recorrerlas, después de haber plantado campamento bajo la sombra de los tamariscos. Sumergirme en esas aguas atlánticas, y esos oleajes cuyas rompientes distaban muchos metros probablemente por la presencia de una línea de roca que corre paralela a la costa. Preparar una buena cena, a la luz de una fogata, y el cuerpo recobrado con el primer vinito bajo las estrellas. Ah! cuánto lamento el no haberlo hecho. San Antonio Este es lo desconocido (hasta ahora) por el turismo, que busca Las Grutas y pasa de largo. Es más inhóspito. No tiene una estación de servicio. Pero bien pertrechado de todo lo necesario, bien vale pasar allí aunque sea una noche y dos días, acampando como decía en cualesquiera de esas inmensas playas, donde el sol sale y se oculta en el gran Atlántico. Y yo tenía todo lo necesario, pero seguí rumbo a Trelew y dándome cuenta, al atardecer, que no llegaría sino hasta muy tarde, por lo cual decidí entrar a Puerto Madryn para hacer noche. Nuevamente, otro error. Llegar a las 22 a esta ciudad pretensiosa y buscar alojamiento significa terminar cayendo en el campamento del Automóvil Club, un lugar ciertamente insalubre y carísimo. Si en Viedma pagué $75 por una buena habitación con baño, aire acondicionado y todos los chiches, en el camping del ACA pagué $50 por una porquería de parcela donde me tuve que aguantar toda la noche el barullo de una discoteca, el ruido de los autos, los llantos de las criaturas de las carpas cercanas, el griterío de los asadores tardíos con mucha birra encima, y encima los baños hipersaturados de porteños, hipersucios, hiperfría el agua de las duchas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Motoviajero que viajas al sur, no te recomiendo hacer estadía en Puerto Madryn. La otrora ciudad casi de pescadores, con su hermoso malecón que circunda el Golfo Nuevo, sus muelles donde habitan los lobos marinos, su tranquilidad, es hoy una ciudad de plástico, con un turismo de plástico. Bonita por cierto, pero sólo eso. Aquí todo es muy caro, pretensioso, y apunta solamente al visitante europeo. Y la promesa de hacer Península de Valdez, es también parte de ese falso candor que presenta la ciudad al viajero distraído…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que habiendo desayunado más o menos temprano, llegaba a Trelew a eso de las once de la mañana, contento porque entre otras cosas, me iba a reencontrar con mi amigo el poeta Jorge Spíndola, de quien me separaban unos muchos años de no verlo. Había recorrido apenas 1925km, días antes de estrellarme en Pampa de Salamanca, habiendo mordido la banquina y perdido el control de la &lt;em&gt;Wayra&lt;/em&gt; entre las piedras, a 100km/h, más o menos cerca de la estación de servicio abandonada que inspiró a Jorge este poema, y que el Miguel Angel Federik considera un bello &lt;em&gt;poem road&lt;/em&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;        &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; Ya lo s&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;é&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;yo ya sé&lt;br /&gt;lo que es el amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;yo aprendí a beber vino&lt;br /&gt;cuando trabajaba&lt;br /&gt;en la pampa de salamanca&lt;br /&gt;al borde de la ruta 3.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;aprendí a beber callado&lt;br /&gt;mirando las martinetas&lt;br /&gt;que se iban siguiendo la alambrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;de vez en cuando un camión&lt;br /&gt;como un incendio perforaba la tarde&lt;br /&gt;y pasaba&lt;br /&gt;dejando un suspiro en las retinas&lt;br /&gt;de los perros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;a lo lejos había&lt;br /&gt;un molino negro&lt;br /&gt;el viento agitaba sus pedazos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;molino deshecho&lt;br /&gt;sin aspas para el vuelo&lt;br /&gt;chaperío sin alas&lt;br /&gt;llorando en pozo de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;yo bebí borracho en las alturas&lt;br /&gt;a mi no me digan nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;perdí una camisa&lt;br /&gt;buscando ovejas en la nieve&lt;br /&gt;perdí los sentidos&lt;br /&gt;mareado en una torre&lt;br /&gt;que se alzaba como un sueño&lt;br /&gt;en la chatura de la estepa/&lt;br /&gt;un mirador creo que era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y ya sé lo que es el amor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(por las noches yo dormía&lt;br /&gt;en un catre adentro de una casilla)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;después de apagar el alumbrado&lt;br /&gt;(un lister a todo culo)&lt;br /&gt;desaté los perros&lt;br /&gt;y me quedé bebiendo&lt;br /&gt;con los ojos mezclados con la noche&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;con la piel hecha un silencio&lt;br /&gt;como un solo cuerpo enmudecido por la pampa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en la pieza brillaban&lt;br /&gt;por la luna&lt;br /&gt;las latas de aceite supermóvil multigrado/&lt;br /&gt;el viento ladraba a la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el viento es un perro desgraciado&lt;br /&gt;aullando en las orejas del insomnio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;los vehículos pasaban en la ruta&lt;br /&gt;con ráfagas de luz en esa pieza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y por eso&lt;br /&gt;yo ya sé lo que es el amor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;yo recé borracho el padrenuestro&lt;br /&gt;para que&lt;br /&gt;un auto con dardos veloces pasara iluminando&lt;br /&gt;el cuerpo de thelma tixou&lt;br /&gt;que brillaba en el almanaque&lt;br /&gt;de aquella noche de aquel invierno&lt;br /&gt;de esos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;thelma estaba espléndida en esas soledades&lt;br /&gt;tenía un vestido rojo&lt;br /&gt;que ardía ante mi boca&lt;br /&gt;cuando las luces&lt;br /&gt;la encendían como llama en pleno vuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;yo ya sé lo que es la sangre&lt;br /&gt;cuando arde como aceite en la penumbra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el cuerpo de ella era un planeta&lt;br /&gt;girando en el abismo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y yo su único habitante/&lt;br /&gt;me ataca como una sed cada vez que me acuerdo de esa diosa.&lt;br /&gt;el amor es como apretar una foto de thelma tixou&lt;br /&gt;en la garganta de la noche/&lt;br /&gt;o el amor es otra cosa&lt;br /&gt;animal que se espanta&lt;br /&gt;que vuela lejos&lt;br /&gt;y uno&lt;br /&gt;no ha tenido el gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                    Jorge Spíndola&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fotos en:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/50109771@N07/sets/72157624210662194/"&gt;http://www.flickr.com/photos/50109771@N07/sets/72157624210662194/&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-863999746196798116?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/863999746196798116/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/wayra-al-sur-i.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' 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width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-236829668066433850</id><published>2010-07-19T20:08:00.010-03:00</published><updated>2010-07-20T08:41:32.913-03:00</updated><title type='text'>Donde se cuenta acerca de un viajecito inaugural, y a través del tiempo...</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;Donde se cuenta acerca de un viajecito inaugural, y a través del tiempo, hacia el extracto de carne y el plateado de espejos de Justus von Liebig, y los barcos hundidos a consecuencia de semejantes inventos, y de cómo se portaron las nuestras y ochentosas cabalgaduras&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETbpgtOs8I/AAAAAAAAAMo/9qKpkY_VrOQ/s1600/Blue+Riders+en+Liebig.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5495758951499609026" style="WIDTH: 498px; CURSOR: hand; HEIGHT: 312px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETbpgtOs8I/AAAAAAAAAMo/9qKpkY_VrOQ/s320/Blue+Riders+en+Liebig.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;A la semana en que la Wayra quedaba en manos cuidadosas y se fue para otras rutas, yo podía terminar el asunto de los papeles de la Blue Rider y así tener la posibilidad de probarla en ruta, como ella me estaba pidiendo desde hacía unos días. Así que un sábado por la mañana salimos con Sire Omar de las Quilmes a encarar la temible Ruta 14 rumbo a Pueblo Liebig, a unos 90km de casa. Un tiro corto como para conocernos, sin más pretensiones que no sobrepasar los 95 ó 100 km/h. Cargué las alforjas con lo necesario, entre otras cosas el equipo de mate, le puse el corderito que mejora la conducción, amortigua las vibraciones (si las hubiere) y descansa las sentaderas, y salimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La 250 se portó bastante bien (digo “bastante” porque no la conocía totalmente). Vibra un poco entre los 70 y 80km/h, supongo que la delantera no ha de estar bien balanceada. Pica bien a los 95 y en segundos pasa los 100. Durante el trayecto, incluso nos dimos el lujo de sobrepasar un largo Scania que iba a 110. El reloj marcó 130 pero sabido es que estos velocímetros chinos mienten en promedio unos 10km/h. Fueron unos segundos que sentí la vibración, no ya de la máquina, sino del susto a ir a semejante velocidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero entramos al acceso a Pueblo Liebig, encarando los serruchos del ripio y los arenales, muy lentamente no sea que terminemos despatarrados y llegamos al caserío donde nació mi madre. La calle larga en cuya curva empiezan los chalés de los ingleses de la fábrica. La Liebig Meat and Fruit Co. El calorcito de marzo era bastante insoportable y casi al mediodía, aparte de un ciclista conversador que nos tomó un par de fotos, de un cardenal distraído que pasó y se perdió en las enramadas y un par de lagartijas, no andaba nadie. Pero nadie de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El recorrido obligado: la calle larga, el almacén que antes fue la biblioteca (que conservaba la colección completa de Reader’s Digest en inglés que donara mi abuelo), el restorán y el portón de acceso a la fábrica, el muelle de pescadores, el barrio de los obreros, la escuela, vuelta a la calle larga para mirar mejor los chalés, el museíto, las arboledas silenciosas, las mariposas de don Mateo Zelich…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi familia materna procede de ese pueblito que creció y se detuvo porque su vida transcurrió durante varias décadas en torno a la fábrica, el frigorífico de la Liebig, que debe su nombre al químico alemán Justus von Liebig (1803-1873), y fue uno de los más importantes del país durante la primera mitad del siglo XX. Andar por esas callecitas de ripio suave y arenoso, siempre es para mí una práctica de ucronía, un entrar al tunel del tiempo y volver a una época pero que no es la pasada, sino una alternativa del pasado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETepoFCRlI/AAAAAAAAAMw/7b6yrOGKsdQ/s1600/145_0800+copia.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5495762252013389394" style="WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETepoFCRlI/AAAAAAAAAMw/7b6yrOGKsdQ/s320/145_0800+copia.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="left"&gt;Llegamos con la resolana del mediodía cuando los espinillos se transforman en apenas arbustos retrocediendo en sus días de floraciones aromáticas, cuando los pinos dejaban de ser pinos y volvían a nacer las palmeras yatay de la zona, y las motos que conducimos ya son Matchless o Royal Enfield de los años ’40. Apagamos los motores y nos quitamos las antiparras frente al chalé de Mr. Evans. En la veranda dos mujeres toman el té y conversan animadamente. Ambas visten a la moda, faldas entalladas y blusas floreadas. Una acaba de volver de Birmingham y sólo habla de las tristezas de la guerra que vio y oyó con ojos y oídos prestados. La otra es hija del país pero su marido nació allá, no en la isla sino en el continente, en la región franca de Bélgica. Sin embargo, él tambien creció en estas tierras bárbaras, aunque su formación fue en un colegio renombrado de la época, donde mejoró el francés de su estirpe y aprendió el inglés de sus futuros patrones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entramos a la gran fábrica y vemos las gigantes autoclaves donde se cocina la carne que será corned beef, o las calderas que habrán de producir la energía necesaria para producir el valioso extracto de carne que honra a su inventor, Liebig. Pero ahora recién estamos a escasos años de la guerra. Y en el muelle veo un gran vapor que espera la culminación de la estiba y entonces pienso en la cantidad de barcos cargados de extracto o corned beef que los U-Boat alemanes mandaron a pique a lo largo y ancho del Atlántico. El químico alemán que inventara ese preciado producto había vendido su patente a capitales británicos, quienes fueron los históricos dueños de éste y otros frigoríficos de Sudamérica, y cuyos productos que embarcaban para alimentar las tropas del frente, terminaban alimentando las profundidades del mar gracias a los torpedos lanzados por oscuros submarinos del Reich, al mando de anónimos capitanes de 24 años. Y recuerdo también que este curioso personaje del siglo XIX no solamente fue célebre por el derivado cárnico, sino porque además fue el padre de los fertilizantes a base de nitrógeno y el plateado de espejos, que perfeccionara luego Henry Draper (médico y astrónomo, 1837-1882) en particular para los espejos astronómicos, cuya aplicación química en la superficie especular logró que los sistemas de ópticas de dos espejos terminaran por destronar el largo reinado de los telescopios refractores. Generaciones enteras de astrónomos, constructores y aficionados aún deben a Liebig una larga deuda, todavía no reconocida, ni siquiera conocida como tal. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETfoDg4XSI/AAAAAAAAAM4/ELpCS3jzjIU/s1600/fabrica+liebig+1921.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5495763324529827106" style="WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 239px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETfoDg4XSI/AAAAAAAAAM4/ELpCS3jzjIU/s320/fabrica+liebig+1921.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;Pero suena la sirena que anuncia el cambio de turno y una tropa de obreros y peones sale y otra entra al gran frigorífico. Traspasamos el portón y ya no volvimos a ver aquellas caras curtidas, aquellos uniformes, aquellas nacionalidades todas confundidas. Pusimos marcha hacia el barrio y descubrimos las casitas diseño suburbio obrero inglés, dos unidades habitacionales comunicadas por un mismo patio interno y un solo baño a compartir entre varias familias; la vieja estafeta donde un niño Héctor C. Izaguirre jugaba al cartero, todavía no poeta, no profesor de literatura en el Profesorado de C. del Uruguay; el almacén de las tardes de truco y giñebra; el hotel de visitantes, el MES, con los grandes balcones abiertos a la costa del río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos de las callecitas soleadas y nos adentramos en la bruma del atardecer. Un Whippet ’26 dobla hacia la calle larga. El ronroneo de los cuatro cilindros, las llantas de rayos de madera, el oliva de la carrocería, se van diluyendo en la neblina, que viene del río y avanza entre las cortinas de árboles. Todo sonido se amortigua. Toda imagen se confunde. Los contornos de las casas y los últimos caminantes del día se difuminan silenciosamente. Una sola ventana iluminada, de un chalé, le pone cierto sepia a las cosas. Liebig es como una fotografía velándose lentamente. Pero todavía sentimos el cosquilleo de los dos cilindros entre las piernas. Y entonces tomamos la ruta del regreso. &lt;em&gt;(18/07/2010)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETgjXGwPfI/AAAAAAAAANA/WGccW-xMfSU/s1600/145_0793.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5495764343401233906" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 266px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETgjXGwPfI/AAAAAAAAANA/WGccW-xMfSU/s400/145_0793.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;La &lt;em&gt;calle larga&lt;/em&gt; de Pueblo Liebig&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;Todas las fotos en Flickr:&lt;br /&gt;http://www.flickr.com/photos/50109771@N07/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enlaces de interés:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://portal.iai.spk-berlin.de/miradas_alemanas/Justus-von-Liebig.220+M52087573ab0.0.html"&gt;http://portal.iai.spk-berlin.de/miradas_alemanas/Justus-von-Liebig.220+M52087573ab0.0.html&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.fisicanet.com.ar/biografias/cientificos/l/liebig.php"&gt;http://www.fisicanet.com.ar/biografias/cientificos/l/liebig.php&lt;/a&gt;&lt;a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=467"&gt;http://www.historiasdelaciencia.com/?p=467&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-236829668066433850?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/236829668066433850/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/donde-se-cuenta-acerca-de-un-viajecito.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/236829668066433850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/236829668066433850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/donde-se-cuenta-acerca-de-un-viajecito.html' title='Donde se cuenta acerca de un viajecito inaugural, y a través del tiempo...'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TETbpgtOs8I/AAAAAAAAAMo/9qKpkY_VrOQ/s72-c/Blue+Riders+en+Liebig.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-5509272816888377561</id><published>2010-07-17T21:31:00.003-03:00</published><updated>2010-07-17T21:35:55.148-03:00</updated><title type='text'>Crónica especular: mercados callejeros</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Tiempo atrás había retomado el trabajo de desbastado de un vidrio que será algún día el espejo de un futuro telescopio y recuerdo que lo menos interesante fue que me pasé parte de la tarde retocando el bisel a los discos y no pude pasar al carborundum siguiente... y recordé que debía hacerme una buena lupa para controlar el avance del proceso de alisado de la superficie óptica… y pienso y recuerdo, no sé por qué extraños enjambres de la memoria, la vez que estuve en el Mercado Central N° 4 Mariscal Silvio Pettirossi de Asunción del Paraguay, cuando me pasé todo un día oliendo y viendo y, a lo mejor, descubriendo una muchacha hermosa de ojos como el Egeo, que andaba por ahí como una delfina en raras aguas, andaba como una cierva esquiva entre los tomates y los quesos y tanta chatarra electrónica traída desde Manaos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;(Fue un día fulgurante de noviembre. Hace mil años. Pero no importa tanto cuándo y cómo fue y además ya lo viví y lo escribí y lo publico al pie porque jamás ha salido impreso en libro. Se llama &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Epístola desde Pettirossi&lt;/i&gt;. Fue el único poema verdaderamente erótico que he escrito (hasta ahora) dijeron algunos amigos, ¿pero ahora? y ahora me viene al presente mientras recorro el bisel con una piedrita de afilar, la importancia, la presencia de los mercados en la poesía. Diría más: en la vida de quienes pretendemos ver con los ojos recién nacidos. La única que verdaderamente tiene sentido.)&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;El segundo momento del trabajo con el vidrio pasó de largo pues debí ir a una verdulería a pelear el precio y la procedencia de un par de tomates, así que cuando finalmente regresé me vinieron, de pronto, estas palabras a los labios: &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;"what to you dou Whitman in the tomatoes".&lt;/i&gt; Y al volver busco "&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Supermarket in California"&lt;/i&gt; de Allen Ginsberg y busco y rebusco aquellos versos escritos en 1955 y en ningún lado encuentro la cita textual. &lt;/span&gt;&lt;span lang="EN-US"  style="font-size:10.0pt;mso-bidi-mso-ansi-language: EN-USfont-size:12.0pt;"&gt;¿La memoria me está está cambiando los poemas? Dice Allen: &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;"Wives in the avocados, babies in the tomatoes!--and you, Garcia Lorca, what/ were you doing down by the watermelons?"&lt;/i&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;¿De dónde saqué aquello? Porque convengamos que la imagen del viejo barbado patriarca entre los tomates es más interesante que la de Federico al pie de las sandías.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Palandriji, querido geómetra, ¿qué piensa usted? Ginsberg se mete una noche en un supermercado y se encuentra con Whitman. Lo mira al viejo, lo estudia, le dice que &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;a dónde nos apuntará tu barba esta noche&lt;/i&gt; y entonces describe el mundo que circula entre las góndolas mientras Whitman pregunta &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;"quién asesinó las chuletas de cerdo"&lt;/i&gt; (sin duda recordando a su vez a William Blake por aquello de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;"quién asesinó los minutos"&lt;/i&gt;. Pienso Palandriji, usted que es viajero de ultramarinos, ¿no deben haber muchos mercados en el mundo anglosajón, no? De dónde se la habrá ocurrido al autor de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Aullido&lt;/i&gt; el describir un &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Supermermarkt in California&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Pienso en la Cashbba de Marrakech, en el laberinto del mercado de Esmirna, en el &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Quartier Latin&lt;/i&gt; incluso. Me acuerdo de un mercado en Porto Alegre donde el olor y el color de los mamones maduros teñía el aire y cuya luz rebotababa en los vidrios espejados del comercio. En las coyitas tenues del mercado central de Salta, con sus barriles de coca y ají locoto y maíz overo y quinua y variedades infinitas de porotos y las mesas de sus bares con un papel de diario blanquísimo y limpio como mantel para comer un plato de locro o un par de empanaditas picantes y una jarrita de vino por cuatro pesos. Todo tan fresco, tan pulcro, tan saludable, tan vivo. Y el olor de los ajíes y los quesillos de cabra y las artesanías en palo santo de los últimos guaraníes de Tartagal.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Palandriji: ¿sería posible un viaje iniciático por los mercados? Quizás encontremos algún maestro dedicado a reparar ollitas de cobre, algún algebrista haciendo fractales con una tiza en el adoquín, algún vendedor de hierbas medicinales que nos hable del nahual y el tonal, como Don Juan Matus en las recovas del mercado de Mexico DF. Usted que es viajero en tierras extrañas, ¿no le gustaría recorrer las callejuelas del mercado de Alejandría para ver qué vio Durrell de lo que antes aún vio Cavafis? ¡Qué olió Cavafis mientras allá cruzando el mar estaba Grecia con sus olivos y sus ruinas!&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Cuando era niño y no era poeta (dice la leyenda) un día mi madre me llevó a recorrer el mercado central de Concordia. Un hermoso edificio cuyos arcos en las bóvedas sostenían altas claraboyas. Conocí las pintas oscuras en las rodajas de los surubíes, las bogas abiertas con sus singladuras bien rojas, los corderitos recién faenados, los tachos de leche de la madrugada, el vino en damajuanas de diez litros y las damajuanas en sus canastos de mimbre, y el tomate de la zona, pequeño, sin góndola y sin insecticidas. Y el tomate tenía sabor a tomate. Ahora el tomate no tiene sabor a tomate y al mercado lo demolieron y en su lugar construyeron departamentos para milicos sin Saravejo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Pero pasan los años con ese presente continuo como la vida en cualquier mercado popular del mundo, porque cada mercado es único y es universal, hasta que una mañana reciente de gran frío en este Sur, una amiga con la sangre caliente pero &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;“la frente muy alta y la lengua muy larga”&lt;/i&gt; me pregunta por Asunción y yo quise contarle de Pettirossi… y como es preferible nunca discutir con una fémina, me refugié en aquellos recuerdos y al volver a casa le digo a Ana: &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;"si hago un viaje iniciático empezaré por Frisco y buscaré los lugares donde anduvo Allen Ginsberg"&lt;/i&gt;. Ana me mira y me dice, tranquilamente mientras lava un tomate de supermercado: &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;"esos lugares ya no existen, se los llevó la sociedad de consumo."&lt;/i&gt; Y yo pienso: en aquellas épocas en que el espíritu de Walt Whitman entraba por la noche a un mercado, el Sputnik salía de la atmósfera y mientras tanto arreciaba la caza de brujas de Macarthy. Un mundo acababa de terminar y otro estaba empezando.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Y desde entonces, los tomates no tienen sabor a tomates.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoTitle" align="center"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;"&gt;Epístola desde Pettirossi&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-top:.05pt;margin-right:.05pt;margin-bottom: .05pt;margin-left:0cm;text-align:justify;tab-stops:36.0pt 72.0pt 108.0pt 144.0pt 180.0pt 216.0pt 252.0pt 288.0pt 324.0pt 360.0pt 396.0pt 432.0pt"&gt;&lt;span style="layout-grid-mode:line;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top:.05pt;margin-right:.05pt;margin-bottom: .05pt;margin-left:0cm;text-align:justify;tab-stops:36.0pt 72.0pt 108.0pt 144.0pt 180.0pt 216.0pt 252.0pt 288.0pt 324.0pt 360.0pt 396.0pt 432.0pt"&gt;&lt;span style="layout-grid-mode:line;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-top:.05pt;margin-right:.05pt;margin-bottom: .05pt;margin-left:0cm;text-align:justify;tab-stops:36.0pt 72.0pt 108.0pt 144.0pt 180.0pt 216.0pt 252.0pt 288.0pt 324.0pt 360.0pt 396.0pt 432.0pt"&gt;&lt;span style="layout-grid-mode:line;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span style="';font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y nos metimos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1" style="line-height:12.0pt"&gt;&lt;span style="';font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;entonces&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en un desarmadero de chanchos y surubises&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;mientras el color del mundo giraba en los mamones&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en los tomates&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en la fritanga de las chipaceras&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y en la transpiración de esas mujeres&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;que comían su asado con mandioca&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;viviendo allí&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;o muriendo allí&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en un turbulento aire de ajos pelados&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y naranjas radiantes&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y jabones&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y costillares de vaca&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y mariscos desparramados&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y corpiños gigantescos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;por donde nos metimos mientras el calor del mundo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;nos hacía sentir extraños seres&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1" style="tab-stops:135.0pt"&gt;&lt;span style="';font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                                                       &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;sin embargo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1" style="tab-stops:189.0pt"&gt;&lt;span style="';font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                                                                               &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;intrusos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en un mundo de locos santificados&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;extraños seres de un mundo sin contrastes&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;pero oliendo con todo el cuerpo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;comiendo chorizos catapultados desde un estéreo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;con huevos fritos que venían en flotilla&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1" style="tab-stops:171.0pt"&gt;&lt;span style="';font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                                                                       &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;como ovnis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;esquivando calzones voladores y cazuelas de mondongo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y corazones de vaca aún latiendo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y quién sabe qué maravillas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;por donde nos metimos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;entre pirámides de solemnes zapallos &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y hermosa podredumbre de computadoras despavoridas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;ante el canto de las lenguas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el yopará fantástico&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el castellano&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;         &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el coreano&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el yanqui&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;               &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el portugués&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;el portuñol&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y el guaraní yopará nuevamente&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;zumbando en las tetas de las criollas descomunales&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;o sobre la toldería color ananá y mandarina&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en un aire que no consagra primaveras&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1" style="tab-stops:171.0pt"&gt;&lt;span style="';font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                                                                       &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;pero&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;si hubieran estado&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1" style="tab-stops:90.0pt"&gt;&lt;span style="';font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                                   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;che&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;se hubieran cagado tanto de risa de tanta cosa tremenda&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;fritándose&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1" style="tab-stops:90.0pt"&gt;&lt;span style="';font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                                   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;asándose&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:4"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                                                          &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;hirviéndose&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en una desenfrenada sopa de pescado&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;apurada con chipa-zoo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;a las siete de la mañana&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;en el momento en que una mujer entraba al olor&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;y miraba escuchaba sentía vivía&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;navegando como gacela en celo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;           &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;andando como delfina sorpresiva en raras aguas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;alerta a tanta transpiración hermosa del planeta&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                moviéndose ahíta del amor&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="Cpotexto1"&gt;&lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;                sumergida en el asombro&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-5509272816888377561?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/5509272816888377561/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/cronica-especular-mercados-callejeros.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/5509272816888377561'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/5509272816888377561'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/cronica-especular-mercados-callejeros.html' title='Crónica especular: mercados callejeros'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-2885804649947448448</id><published>2010-07-11T20:54:00.001-03:00</published><updated>2010-07-11T20:59:07.398-03:00</updated><title type='text'>Cinema Paradiso en Concordia</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TDpaByQ3cZI/AAAAAAAAAMY/sjmwQ0vmP3A/s1600/laureen+bacall.jpeg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 282px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TDpaByQ3cZI/AAAAAAAAAMY/sjmwQ0vmP3A/s320/laureen+bacall.jpeg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5492801682250625426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Un sábado a la siesta y los chicos que jugaban a la pelota en la terraza del cine parroquial hasta que apareciera el cura —desteñida sotana, boina y rezongos— y entonces bajaban hasta la cabina del proyectorista porque sería el momento en que éste le pasaría la película a &lt;i&gt;monseñor&lt;/i&gt;, antes de su estreno, y ya con varios cortes.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Uno de los chicos fue mi padre, y a la manera del Totó de la película, se asomaba por la ventanita de la cabina esperando la escena del beso que sería cortada por el censor eclesiástico.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Sería a fines de la década del treinta, cuando la ciudad contaba ya con varias salas, pero el hecho de tener una terraza para jugar con una pelota de trapo y colarse detrás del proyectorista de cine (que a su vez era un tío de apellido &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Duce&lt;/i&gt;), era un programa mucho más tentador que el catecismo obligatorio de los sábados.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Mi padre siempre contaba esa anécdota, después de los asados y los vinos pero antes de remitirse a su inveterada proclama anticlerical, incluso para sus propios parientes, la mayoría diestros y de la Asociación Católica, que a la sazón fue uno de ellos quien practicaba el tijereteo al celuloide, ya antes de esperar la orden del cura sentado metros más abajo, en la platea del cine.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Que la universalidad del arte sea un hecho harto constatable no es ninguna novedad. Ya lo había dicho Tolstoi. Pero una noche de principio de los noventa, yo llego a casa de mis padres cuando terminaba el ciclo de cine que hacían Morelli y Berruti y lo veo a mi viejo, sentado en el viejo sillón, las manos en los bolsillos del abrigo, con los ojos vidriosos y la mirada blanca y escucho los últimos compases del &lt;i&gt;Tema de Amor&lt;/i&gt; de &lt;i&gt;Cinema Paradiso&lt;/i&gt; y veo en la tevé la escena final, aquella de los besos censurados, aquellas Garbo, aquellas Audrey Epburn, Laureen Bacall, o Ingrid Bergman apasionadas a cuyos besos, desnudos y cuasi desnudos, y abrazos, el fanatismo le negó a generaciones enteras de espectadores. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Le scene più belle del cinema &lt;/i&gt;amputada por rigor de las sotanas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Mi padre era duro para manifestar su sentimiento. Se acostó inmediatamente y sólo unos días más tarde apareció por casa para decirme de sopetón la alegría que sentía de ver esa película.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Y recuerdo: A la vuelta de mi casa vivía un tal Cabrera, popularmente conocido por &lt;i&gt;Propalación Cóndor&lt;/i&gt;, pues tenía dos furgones Chevrolet pintados de verde loro con los cuales hacía publicidad rodante y pasaba películas al aire libre en los barrios. Padre no lo quería, decía que era un viejo gorila (y probablemente lo haya sido), y por tanto yo recibía las amonestaciones del caso si por ventura me deslizaba en su taller de reparación de radios y él llegara a enterarse. Pero me atraían infinitamente esas antiguas bocinas, aquellos viejos carromatos con proyectores, las tortas de celuloide. &lt;i&gt;“Propalación Cóndor&lt;/i&gt; —decía la publicidad— &lt;i&gt;la voz del comercio y la industria de Concordia”.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Y no quisiera apropiarme de recuerdos ajenos pero así como mi padre fue la generación de entreguerras y yo soy de la generación del Sputnik, el Wincofón y la birome, puedo comprender y sentir esa &lt;i&gt;malinconia&lt;/i&gt; que hay en la película de Giuseppe Tornatore, pues también hubo un &lt;i&gt;Cinema Paradiso&lt;/i&gt; en mi infancia y en mi adolescencia hubo amores furtivos en la butaca de al lado y no debería existir nostalgia más fuerte que el recuerdo de aquellos besos en la penumbra de la selecta, cuando en la pantalla había &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Verano del ’42&lt;/i&gt; y Jennifer O’Neil se reflejaba en los ojos de ella. Unas décadas más tarde, cuando la extinción de los cines era una realidad, Miguel Angel me comenta de un libro extraño, un libro de poesía póstumo de un autor menor, de provincias, y en particular de un poema, que siempre recuerdo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:17.0pt;line-height: 150%"&gt;Por eso y tantas cosas más, dejo ahora esta voz para que sea la voz del poeta Zoilo García Quiroga quien se exprese:&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="font-size:18.0pt"&gt;Celuloide&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Oh, dios bendito, Boogie,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;bendito seas en este templo&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;erguido y erigido en tu memoria&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;con el suspenso aquel&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;que dejaste colgado&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;desde &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;"El halcón maltés"&lt;/i&gt; en adelante&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;o para siempre, derrotando a la mafia&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;en Casablanca, eterno con tu smoking muy blanco&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;fumando de costado, con el dejo de siempre,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;despectivo, pero hondo,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;ganándoles a todos en astucia,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;o en la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;"Reina Africana"&lt;/i&gt;, sucio, tosco,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;y viejo casi,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;seduciendo a la casta maestrita&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;que quería jugar a lo selvático.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Oh, Boogie inolvidable! ¿Qué gavilla,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;qué mina, que dueño de burdel o de casino&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;no se paralizaba de terror&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;con tu mirada fría, que les hacía correr&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;el hedor del orín, sí,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;en alma y calzoncillo?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;¿Qué mujer no tembló, si le decías&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;“ven aquí, pequeña”&lt;/i&gt; o &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;"come here”&lt;/i&gt;, es lo mismo,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;porque tu voz metálica, golpeaba y atraía&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;¿Qué mujer de 50 en adelante&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;no soñó con tu revólver invencible?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;—y desecho ex-profeso la metáfora fácil&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;diciendo &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;"tu enorme pistolón"&lt;/i&gt;—&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;¿Qué mujer, te decía, no soñó con tu revólver&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;penetrándole el alma y la entrepierna?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Mientras, aquí, a tu lado, el sombrero chanfleado,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;el chaleco con fleco, la mirada hierática,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;el otro mito fascista, prepotente, despiadado,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;el Viejo John, de caminar trotando y casi chueco,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;pero siempre bailando sobre botas,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;bajaba indios a granel, como bajaba también,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;en el silencio cómplice del despacho&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;del senador Mc Carthy,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;a compañeros, tachándolos de izquierdistas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Y luego... aparecía un rubiecito&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;resentido, apocado, elíptico en su mirada torva&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;para mirar todo eso y rechazarlo&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;sin atreverse a decirlo claramente, pobre Jimmy&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;al que le dolía ese Hollywood de sueños de metal,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;especie de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;"cabecita"&lt;/i&gt; pero rubio,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;venido de las praderas&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;a &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;"las luces del centro"&lt;/i&gt;, como diría Gardel&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;o cualquier otro.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;"Un rebelde sin causa"&lt;/i&gt; y aún sin cauces.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;por eso, como Monty y como tantos (¿tontos?)&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;que quedarán anónimos&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;cual Monzones sin Lectoures,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;como Marilynes sin sus Kennedys,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;estallaría en pedazos, con el balazo simple&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;de un Rolls Royce estallando, al fin y al cabo&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;prolongación lograda de sí mismo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;en Los Angeles, California, sueño de sueños,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;edad de oro de los Mayer&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;construida cada vez que el león rugía&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;embolsándose dólares como piernas ajenas,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;como entrañas en medio de la selva&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;con Tarzanes hablando en media lengua&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;"I love Jane...".&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Querida, pelirroja, dulce Margaret O'Sullivan.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;No pudieron, quizás, ángeles temblorosos,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;resistir tanto sueño y tanto ensueño.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Ni quisieron copiar, como hizo Europa,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;con el dulce Delon, que es el Belmondo lindo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Hablamos de la copia &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;“made in France”&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;que se inventó los glúteos de B.B.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;(los glúteos y los ojos, seamos francos,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;y su &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;"mirar felino"&lt;/i&gt; y andar&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;siempre descalza y siempre en bolas,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;para pasar al frente).&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Mientras Italia, que comenzó entre los escombros&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;de la guerra, con esa bicicleta simplemente&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;que se inventó Don Vittorio Primero&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;—les hablo de De Sica, por si hay dudas&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;en este juego de palabras—.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Italia, te decía, preparaba para más tarde, Cinecittá,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;y, nada más y nada menos, que al inefable Federico y su Giulietta,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;el Marcello que aún hoy puede reírse de Casanova,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;de Bertolucci y otros.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Oh, templo del hedonismo y los sueños&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;de miles de millones como nosotros&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;que se sintieron millonarios con Rock Hudson&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;que se volteaba vírgenes impolutas, rubias, lindas&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;y tontas, como la Doris Day, que &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;"no lo hacía"&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;si no era con matrimonio y en technicolor.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Dioses del celuloide y otras yerbas,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;aquí vienen paganos adoradores&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;a preguntar quiénes sois,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Michele, Alain, Lucchino, Tyrone, casi olvidado&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;entre arenas y toros, desde los brazos de Rita Haywoorth.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;No importa si estos chicos no os conocen,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;aquí estoy yo, por cincuentón y viejo,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;nacido antes de la TV, por suerte o a Dios gracias,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;para adoraros, como en aquellas tardes&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;de matiné en mi pueblo de Entre Ríos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;Oh, dioses del celuloide y la pantalla grande,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;por cincuentón, por viejo, por cinéfilo o lo que sea,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;os rezo: "¡Muera el video y viva el sueño, mierda!"&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:106.2pt"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt"&gt;ZOILO GARCÍA QUIROGA, Poemas, op. póstumo – 1998. Selección y prólogo Dardo Torres Rodríguez&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:11.0pt"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-2885804649947448448?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/2885804649947448448/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/cinema-paradiso-en-concordia.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/2885804649947448448'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/2885804649947448448'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/cinema-paradiso-en-concordia.html' title='Cinema Paradiso en Concordia'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TDpaByQ3cZI/AAAAAAAAAMY/sjmwQ0vmP3A/s72-c/laureen+bacall.jpeg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-5667642214991352117</id><published>2010-07-06T11:03:00.007-03:00</published><updated>2010-07-21T09:39:03.751-03:00</updated><title type='text'>Canción ecuatorial para Silvia Diez</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TEbn-dgnqyI/AAAAAAAAANM/MFA3eimTFXE/s1600/gonnet+01+copia.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5496335455511620386" style="WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 251px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TEbn-dgnqyI/AAAAAAAAANM/MFA3eimTFXE/s400/gonnet+01+copia.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Primer Encuentro de Constructores Aficionados de Telescopios Cielo Sur, Gonnet 2003. José Luis de Conceicao, JM, Laura Márquez (Mimí), Silvia, Miguel Ascolese y Alberto Petrucceli (atrás)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;Quiero verte de nuevo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;buscando con tus manos de artesana&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;los controles del &lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;gran ecuatorial&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;— aquel viejo Polifemo que llaman telescopio—&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;para mostrarnos del sol esas manchas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;y como nunca repetidas fueran las tormentas de iones&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;al despertar un dragón yaciente&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoList" style="MARGIN-BOTTOM: 0pt"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;entre relojes y bronces &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;y en un día sin estudiantes o turistas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;que irrumpieran la sacralidad del observatorio&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;pausada y profunda&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;como la ceremonia del té,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;y en tu mano artesana, en ella,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;un instrumento para calcinación de las ópticas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;cuando enfocabas al mediodia del sol,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;aquél también de las terribles manchas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;mientras el geómetra Palandrius&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;empujara una escala de media luna&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;para que este intruso llegara hasta el ojo del gigante verde&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;a limpiarle telarañas de estrellas y polvo de la galaxia,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;y desde allá arriba&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;como desde la barquilla de un mastelero&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;indicara coordenadas erráticas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;entre jacarandáes y tilos y en un noviembre de exacto mediodía&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;aquel también de las terribles manchas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;cuyas tormentas incomunicaban satélites&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;y quién sabe qué artificios de las tecnologías&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;mientras allá abajo, abajo, &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;entre restos cometarios caídos de las cúpulas altas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;eras como un duende revelándonos el milagro&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;y yo arriba de la escala,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;quizás y apenas un polizonte&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;que no podía tomar en serio semejante maravilla&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;y entonces invocara la complicidad del geómetra&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;para descubrir niñas estudiantes&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;que iban a sus exámenes en las astronomías&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;en senderos bordeados de tilos y jacarandáes&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;en el mediodía más claro de noviembre&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;o para que el aire sagrado del observatorio&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;no terminara con nosotros,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;no lo sé,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;pero fue simplemente eso,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;y simplemente &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:10;"&gt;Silvia.&lt;/span&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5490793753851117538" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TDM30-E6v-I/AAAAAAAAAME/7nLZ_tiJkqA/s320/Gran+Refractor+Ecuatorial+Obs+Astr+La+Plata+2.jpg" border="0" /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="center"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Refractor "Gran Ecuatorial" Gautier, instalado en 1895, con sus 430mm de diámetro fue uno de los telescopios más importantes del mundo en sus años. (Foto Observatorio AStronómico de La Plata).&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" align="right"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-5667642214991352117?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/5667642214991352117/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/cancion-ecuatorial-para-silvia-diez.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/5667642214991352117'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/5667642214991352117'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/cancion-ecuatorial-para-silvia-diez.html' title='Canción ecuatorial para Silvia Diez'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TEbn-dgnqyI/AAAAAAAAANM/MFA3eimTFXE/s72-c/gonnet+01+copia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-8160385158182105643</id><published>2010-07-04T11:25:00.011-03:00</published><updated>2010-07-17T13:55:06.388-03:00</updated><title type='text'>Una canción para el verano</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TDCeeN5kMiI/AAAAAAAAAL8/v5xqXW8G3qk/s1600/Luz+del+Cometa+(300dpi)1.jpg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 318px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TDCeeN5kMiI/AAAAAAAAAL8/v5xqXW8G3qk/s320/Luz+del+Cometa+(300dpi)1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5490062187729007138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:180.0pt"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Se il giorno posso non pensarti&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:180.0pt"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;la notte maledico te &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:180.0pt"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;E quando infine spunta l'alba &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:180.0pt"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;c'e' solo il vuoto intorno a me.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;1.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Todos estábamos muy borrachos. Nuevamente llovía sobre Trelew. Y llovía sobre nosotros, pobres criaturas. Había una vidriera en una esquina. La habían empapelado con diarios viejos. En uno de ellos, un poema hablaba de un hombre que veía arañas en el cielo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;El nuestro, tampoco era un cielo de Lucy con diamantes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;2.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Mi padre es un hombre muy bien parecido. En la foto aparece con capote y birrete. Lejos anda el mar del Sur. Es un hombre muy apuesto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Dicen que unas cuantas chicas — trajecito de satén y guantes de cabritilla — se morían por él en las &lt;i&gt;vueltas del perro&lt;/i&gt; un domingo con otoño y música de Bing Crosby.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;3.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿Qué sabor tenían las peras? Era el árbol más grande que conociera y tenía un agujero en la horqueta donde siempre anidaban las tacuaritas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿De qué color? ¿De qué forma eran las hojas?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Tendido en la mesa de cocina y al abrigo de la siesta, dejaba que trocito a trocito una peras se disolviera en la boca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Y esperaba que llegara el radioteatro de las cuatro con Juan Moreira en la voz de Oscar Casco, el verdadero León de Francia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;4. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;La siesta era para cazar mariposas. Bajo el paraíso, dos cosas: chicharras y una langosta que mastica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Los gurises volvían a sus historias de Emilio Salgari, pero los ojos de ella — irresistibles— una invitación, eran una hermosa invitación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Ni Luigi Tenco sabía tanto del amor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;5.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;A las ocho pasó don Ceratto en el triciclo Guzzi cargado con los tachos de leche. A las nueve, el carrito de la panadería La Española. A las diez y pico el pescadero con la palanca vacía en una punta y media res de surubí en la otra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;La flauta del afilador dio vuelta la esquina como a las doce. Dejamos de jugar en la arena y nos quedamos atentos hasta que volviera a doblar en la otra esquina. El calor era insoportable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;A las cinco ya habíamos seguido otra partida de Fischer-Spatsky. Carnaval quedaba terriblemente lejos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;A las seis y media cruzó una moto — un muchacho y una chica de &lt;i&gt;hot pants&lt;/i&gt; —. Siguieron de largo en Urquiza y Mendoza y se estrellaron contra el camioncito de &lt;i&gt;Fosforito&lt;/i&gt; Egel, el repartidor de soda. El rugido de la Gilera 200 se prolongó algunos segundos y las piernas de ella tirada boca abajo no dejaban de temblar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;No tenía las palabras, pero supe que la dicha y la desdicha iban juntos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Eso fue todo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;6.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Esas campanas,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿anuncian el comienzo o el final del día?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;7. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿Has visto como pasan los biguaes al atardecer? Suben el río en bandadas de no más de siete.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Entre las piedras del río, cuando cae la tarde y los sonidos del verano se deslizan por el agua y el olor del verano viene entre las piedras como boguitas cuando el río empieza a cambiar de color, de verde claro a verde plateado, los biguaes vuelven y uno que otro se zambulle. Luego remonta vuelo con una mojarra en la cuchara del pico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Así van pasando, hasta que sale la luna.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; 8&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Discutimos tanto que nos perdimos el alunizaje de la Apollo XI.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;A lo mejor, no necesitábamos verlo: quien ha dormido bajo las estrellas puede conocer muchos mundos sin moverse de su terraza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y se especializa en ser un astronauta de los sueños.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;9. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;También el viejo auto de otras veces. Ahora, amaneciendo entre álamos. Nadie pudo dormir esperando la balsa. De cuando en cuando, un camión resoplaba, una baliza se encendía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Los cargueros pasaban lejos de la costa. El río en creciente y el camalotal que sólo nosotros conocimos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Faltaba mucho para oler el mar pero los grandes barcos no dejaban de pasar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;10.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿Te acordás de Miriam Makeeba? Sería en febrero y teníamos un tocadiscos Winco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Estrenaría un pantalón oxford para cuando empezaran los corsos. Y a Margarita el pelo le caía en flequillos oscuro en la frente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Cantaba Miriam Makeeba cuando padre también nos llevó a conocer el hielo: en una esquina del centro habían armado una casa redonda, completamente redonda, como un iglú. Y nosotros entramos y durante mucho tiempo me pregunté, si los muebles deberían ser redondos, las sillas, las camas, donde habría que dormir como en posición fetal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Pero después empezarían los corsos y después vendría Margarita y ya todo sería tan estúpido tan cruel y tan hermoso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;El flequillo le caería inolvidablemente, como si fuera la voz de la Makeeba cayendo desde el viejo Winco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;11. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Un sábado decidí visitar al Maestro. Y viajé largas distancias. El tren perforaba un monte de espinillos bajo un rocío de telarañas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Daba vuelta, yo, en la ciudad extraña. Caminé hasta su casa como colgada de una colina. Parecía así entonces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Abrí el portoncito de madera. El viejo le hablaba a uno de los gatos. No tuve coraje para interrumpir su diálogo cósmico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Regresé a casa con el tren de la tarde.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;12.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Vinimos con serruchos y palas y herramientas varias, cantando hacia el barrio, imberbes sí, aunque no estúpidos. Cantando &lt;i&gt;a desalambrar a desalambrar&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Vinimos hacia el barrio donde nos esperarían desde temprano para levantar paredes y clavar tiranterías y cavar zanjas para cimientos y arrinconar una que otra gurisa setentosa. Y los compañeros se llamaban Miguelito, el Fioro, el Patita, la Tuna, el Pino, y el cura que se llamaba Andrés o José.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;El sol del septiembre nos oreaba las espaldas. Pero al anochecer ya humeaban los guisitos de la Trini, ya encendían las fogaratas preparando las guitarreadas, hasta que el &lt;i&gt;Chino&lt;/i&gt; Cabrera empezaba a joder con Patricio Lumumba y porfiaba en&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;enseñarnos la historia de Africa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Hasta que las estrellas se fueran poniendo como de hielo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;13.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Hay movimiento de bichos de tormenta en el aire y ellos hablan. En la noche de diciembre hay insectos que se estrellan contra las luces. Es la noche de diciembre 10, 1983. Y ellos hablan, quedamente. La cerveza se calienta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Lento cigarrillo armado lento. Manchas de cerveza en la mesa de chapa, en la vereda del bar, en la calle que muere en el puerto. El aire huele a fábrica, agua servida, pescado muerto, y contamina desde el arroyo Manzores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Cada vez más despacio, ellos hablan. El silencio les va ganando la voz, los recuerdos, los muertos. Cada vez más lentamente los insectos siguen yendo hacia la luz de la bocacalle.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Hablan de tanto en tanto, suavemente, como para no herir la madrugada. El verano es un cascarudo estrellándose contra la luz. Inundada de silencio la cerveza ha terminado de calentarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Lento cigarrillo armado lento. Y los insectos que no dejan de venir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;14.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Puedo comprender la distancia que hay entre un extremo y otro de la Galaxia. La increíble cantidad de vidas que necesitaría para viajar entre ambos lugares, mientras nacen y mueren las estrellas. Mientras el viento de los soles deambula sin redención por el firmamento oblicuo. Puedo sentirlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Pero no puedo ni siquiera imaginar la distancia que hay entre mis ojos y la sombra del filodendro, cuando la ciudad se aquieta, los contornos de las cosas han sido diluídos por la claridad de la luna,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;y los grillos se invitan a renovar la vida, infinitamente lejos infinitamente cerca uno del otro, pero ocupando todo el espacio de la mirada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;15.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Una motocicleta da vueltas cerca del límite. Las tablas del cilindro se sacuden. Desde arriba miramos hacia adentro. Adentro es un gran cilindro de tablas. El piloto regula la Norton 500 diez metros más abajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Las contracciones del cilindro aumentan. Las estrellas de Orión caen a pique por la boca del tubo y en su interior naufragan mientras la motocicleta comienza a girar nuevamente muy cerca del borde.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;16.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Todo el oro en sus trenzas. Monedas engarzadas contra una piel de olivos y una lengua que sonaba a trabalenguas invitando a la Fortuna.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;En la carpa, un martillo de calderero daba formas al metal contra una bigornia de orfebre. La voz de la anciana transmitía la historia de las alfombras y los caballos y los carromatos con abalorios para la gringada de las colonias.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Jamás olvidaré el mediodía en que unos ojos de esmeraldas o malaquitas de Oriente deshilvanaron una filigrana de líneas en las manitos rosadas donde nacían sextantes, papeles, fragatas intergalácticas, mareas de estasis, tifones de las estrellas, cometas y hasta la Estrella de los Reyes Magos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y el encantamiento quedaría en el aire hasta mucho después que las flores y las Aves del Paraíso de las polleras increíbles se marcharan revoloteando por el aire de noviembre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;17.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Te voy a encontrar en la Gran Noche del Lobo Libertad, mesas de lata y entradas populares. Será cuando vuelvas de la pensión, vaqueritos abombillados, desafiante minifalda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Te encontraré y me hablarás de Lacan con Particulares 30, y cuando la tormenta se arme al Sur, como siempre, y al abrigo de los grandes árboles, veré el resplandor de los autos en tus ojos, ya sin Freud ya huyendo casi bajo los últimos apurados acordes de la Gran Noche de Gasparín y su conjunto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;18.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;El olor a tierra recién llovida penetra las esterillas de junco. Un chico dormita en el suelo. Sostiene una caracola rosada contra su oído izquierdo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;La lluvia refresca la siesta. El viento adormece su cabello. El viento penetra a través de la esterilla y trae un sueño con aleteos de atunes y peces espada, con aleteos de barracudas y de mantarrayas. El viento penetra al molusco y deja en su oído una voz de delfines, un llamado de ballenas francas, un encantamiento de sirenas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;El oleaje del viento navega en la penumbra mientras la lluvia llena de olores la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;19.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Estuve junto a Ringo aquella siesta en que una moneda de plata lo salvara de una muerte segura y también caminé por la tabla rumbo a los tiburones aquel domingo en que se me amotinara la tripulación del "&lt;i&gt;Berenice&lt;/i&gt;", un clipper de ligeros perfiles, en cuyas troneras cantaba la heráldica de los cañones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y demoré como mil años en volver a casa, entretenido en silbar una melodía del far-west, una vieja canción de piratas, y recién comprendo que la heroína de la selecta no estaba en la pantalla, sino en la butaca de al lado, hablándome con una lengua más dulce que tanto amor de fantasía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;20.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Había tantas cosas que hacer, tanto que hablar. Trepaba al tren entre borracheras de conscriptos y empleadas que volvían a la ciudad. Y no dormía, sino que llegaba, así nomás, hasta una estación donde lo esperarían un amor a la griega y todo el deseo bajo los pulóveres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y no dormía, sino que el tren navegaba entre colinas y luego en un ferry entre camalotales. El amanecer era todo camalotes, de costa a costa. El ferry iría despacio entre el zargazo y las garzas volarían muy bajo en los bancos de niebla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Pero supo tener un amor en Buenos Aires. Supo cruzar el río al amanecer en un ferry fantástico a la hora en que el chamamé le hacía una bailanta a los camalotes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y el amor, que era griega, tenía en los ojos toda la claridad del Egeo y un pulóver rojo donde su estómago se contraía, con feliz estremecimiento, cuando otras manos se introducían desde abajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;21.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Respiró con placer el jazmín del país. Las lagartijas huían hacia la protección de unas grietas en el muro. El jazmín proyectaba la única sombra fresca del patio. Las flores marchitas bajan lentamente como hélices tímidas de barcos aéreos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;A Felipe el sudor le brota como esferas de mares diminutos. Cae desde su cabeza cósmica y se estrella contra el mosaico, mucho más tarde, con la fuerza de pálidos minúsculos ciclones. Millones de latidos demoran en caer las gotitas, estirándose verdeazuladas, comprimiéndose en un extremo, pariendo en su interior faunas tropicales, seres mitológicos, duendes serviciales, pueblos de olvidadas genealogías. Las gotitas de sudor siguen cayendo mientras Felipe Ceballos nos lee.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;En la explosión del chivato, sólo existen las chicharras.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;22.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;También he visto los grandes árboles nacer desde el agua, una cabellera de ondinas deslizándose entre helechos. Y los cerros que diluían un camino hacia las nubes,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;cuando el duende le hablaba al corazón de los cohihues, en un lugar que llamaron Hua-Hum, es decir Agujero en el Cielo, y diseñaba la geometría de las hojas y los troncos, el rumor de las cortezas donde el aliento del musgo tendría el color de los sueños y también el color del agua,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;porque el bosque está en las pupilas y en el olfato, y viene del gran silencio cuando un sendero con raulíes avanzara hasta el lugar donde el mundo está en el mundo. Como una cascarita de arrayán que demorara miles de años en caer hasta el agua,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;y en perspectiva y sobre el lago, un pájaro extraño que canta, tibiamente, para nosotros, sólo una vez en la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;23.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Los dos amigos caminaban las arboledas en otoño y aunque el silencio los envolviera podían reír con facilidad. Podían decir &lt;i&gt;eso no sirve, esto es importante, aquello me gusta&lt;/i&gt;, sin tener prejuicios, sin temer al ridículo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Una tarde volvieron a los viejos patios de una escuela. Y recordaron el color de los mosaicos, las barandas de las escaleras, la araucaria sola, el alféizar de las ventanas donde entonces vieron las palomas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Una garza vuela hacia el frío. Las camperas abrigan como entonces. Hace tiempo que los plátanos se están muriendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;24.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Al pie de una colina, cerca del fuego en la Tierra de los Fuegos, una mano se abre al rocío. Cada gota es una estrella en apogeo y viajando hacia las pupilas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Cada estrella, otros mundos y otras colinas, y otras manos abiertas por donde miramos el rocío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;25.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;No podrás comprimirla en tu mano a esa arena, es como un fino oro que cae de tus dedos. Tan sólo ayer, hace algunos miles de años, aquí cantó el mirlo. Y luego lo vimos volar hacia el pasado, haciéndose transparente con el atardecer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Ahora miras el arroyo, que ya no trae preciosos metales. Y peces, que son otros, remontan sin embargo la misma corriente. Miras como quien comprende, aunque no con palabras, y recuerdas que una vez fuiste, que alguna vez parpadeó una llama, el aire fue sustancia delicada, el sabor de unos labios en las pendientes de una playa que tenía pendientes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Miras la superficie de las cosas, la gran trama de lo incomprensible, donde descubres, sin embargo, que todavía arden las estrellas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;26.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿Has intentado sentir el peso de un solo grano de arena?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿Has intentado ver el regreso de un pétalo hasta una no todavía marchitada flor?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿Has probado alguna vez el sabor de una sola gota de agua?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;27.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿Recordás la serenidad de estos árboles, la brisa que descansaba entre sus hojas, el sol de una suavidad oblicua que nos llenaba los ojos y las fosas nasales? Hoy retoñó el limonero. La luna parecía más joven al atardecer. Como aquella mañana, los pájaros estuvieron laboriosos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Pero la ciudad nos robó la voz hacia la medianoche. Y fuimos jóvenes y fuimos viejos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;28.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Pero no oirán más cómo brilla y se agita el fuego. Y muy pocos olerán el mar, mezclando sus corazones con la música del cielo. Será un cielo pobre el de estas gentes. Sabrán que sobre ellos pasan los satélites. No podrán ignorarlo. Nacerán desde algún día y estarán muriendo siempre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Algunos, tal vez, recordarán en sueños fulgurantes cosas que no podrán explicar. Y tendrán miedo hasta de los olores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;¿A dónde se fueron esos sonidos? ¿A dónde, tibias colinas? ¿Recordás la costa, y los sauces combados en la niebla?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;29.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;He visto en los trenes las caras inexactas; y en los andenes las ráfagas de viento y lluvia agitando desperdicios.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;He visto detrás de las ventanillas los rostros sin despedidas y sin abrazos, niños ancianos ya que dormitaban con los ojos abiertos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;30.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Joven, vestida con un tapado del que cuelgan hilachas grises, mira su rostro de niebla en el espejo. Detrás de ella, otro espejo recoge apenas espejismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y escribe con el índice izquierdo una palabra, un nombre, que el vapor de su aliento va disolviendo con tímida palidez, mientras su propio espejo y cada vez menos, menos, deja de reflejar el otro espejo, muda superficie que ya no la recuerda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;31.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Al final de aquel día, hay una ventana y una cortina que se descorre con una mano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;En la abandonada calle, un animalito corría escapando de nadie. El polvo seguiría acumulándose en las cosas, en las inútiles cosas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;32.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Una mujer y una criatura contemplan desde la ventana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Afuera, los aguarda la intemperie.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;33.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Veo paredes, veo siluetas adentro. Una mesa puesta para la cena. Unos cuadernos con lecturas. Una cara de mujer que mira una cara de hombre que mira al vacío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Más allá de las paredes ocurre lo mismo que aquí, salvo el viento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;34.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Ella está inmóvil en la cama. Ella tiene la blusa desprendida, el gesto pacífico. El día transcurre como los anteriores, cambiando lentamente los colores de la habitación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Ella no verá más esos colores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;33.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Abría los ojos y mientras abría los ojos el liquidámbar que plantaría ayer crecía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Habitado por pájaros migratorios como una imagen descascarándose, ya otoñal, ya sucio de humo y ruidos de la calle, mientras abría los ojos, descubría que anciano ya, el árbol se moría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;34.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Desapareceré. Breve silueta fotografiada sobre un puente de antigua goleta. Breve silueta bajo un cielo de oscuras mareas, desapareceré.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Lentísima imagen velándose ya bajo la mirada luz que no iluminarán estos ojos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Sólo un navegar de carey bajo delgada ola recordarás de mí en los días del futuro. Sólo una tibia voz invocándote cuando venga la luna a tus noches de jardines con espumillas. Un sonido de mar océano dentro de lejana caracola y lentísimo paisaje, que no tendrá el color de mis ojos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;36.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Siento nostalgia del futuro, dice. Porque sabremos de la mañana cuando aúllen los últimos perros. Sabremos del cielo y los cometas cuando acodados en el alféizar de la ciudad miremos hacia adentro muy adentro de la estepa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Entonces, un zumbido de aeronaves nos dejará otra vez, anclados en puertos de pescadores, una noche en que los lobos de mar vuelvan al muelle, como esperando el fin del viento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;37.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;El sitio tenía dos casuarinas, de ésas que gimen en los inviernos, gemelas, al frente, en la tierra que nunca habitaríamos aunque entonces sí lo creímos, que abriendo paralelos cimientos y levantando mamposterías porque así se sostendría mejor la casa, porque al norte debían quedar los pies de la cama y el gran balcón del dormitorio hacia el rocío de septiembre cuando la niebla se fuera entre pajonales amarillentos, hacia el encuentro con los grandes árboles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Sí, un ladrillo sobre otro ladrillo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y las escaleras de tibia madera, y afuera de las ventanas los fresnos crecerían sin podas ni furiosas calles, crecerían frente a la veranda con sus hamacas y sus grillos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;38.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y sin embargo,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;de tanto cielo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;solamente poseo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;una vara de aromito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;39.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Pescado frito, humo de locomotoras:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;la luna ha salido entre los fierros del muelle,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;justo cuando el invierno declinaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;40.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Las golondrinas siempre &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;estuvieron. Es sólo el plátano&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;que volvió a la primavera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;41.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;El sol se duerme en la costa:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;lluvia de verano&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;bajo el ceibo en flor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;42.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Y dejo que el sonido vaya hasta el final. Dejo que el cuerpo de la guitarra de metal acústico rompa su último acorde.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;Mañana será el día en que los caminos se abran como ramas independientes, el asfalto de las rutas será una cinta psicodélica levantando vuelo desde colinas y mesetas y los Andes al final de todo, o el Atlántico como principio de todo, partiendo desde una bahía olorosa una gran motocicleta con un puñado de sueños en las alforjas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;em&gt;(Una canción para el verano, fragmentos 1995-2010). Foto: Cometa McNaught sobre el Arroyo Urquiza, Entre Ríos, Verano 2007. Cámara Zenith, objetivo normal, exposición 20", película Kodak 200 Asa. Autor juan meneguín.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-indent:-36.0pt"&gt;&lt;span style="'font-family:"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="'font-family:;font-size:10.0pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-8160385158182105643?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/8160385158182105643/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/una-cancion-para-el-verano.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/8160385158182105643'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/8160385158182105643'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/07/una-cancion-para-el-verano.html' title='Una canción para el verano'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TDCeeN5kMiI/AAAAAAAAAL8/v5xqXW8G3qk/s72-c/Luz+del+Cometa+(300dpi)1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-7532601567342271286</id><published>2010-06-30T12:52:00.009-03:00</published><updated>2010-06-30T13:10:53.663-03:00</updated><title type='text'>Los Caballeros Ochentosos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCtrxSOU1ZI/AAAAAAAAALk/ETjI6ftJ_LQ/s1600/145_0180.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCtrxSOU1ZI/AAAAAAAAALk/ETjI6ftJ_LQ/s320/145_0180.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5488599065330767250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCtrdxbteXI/AAAAAAAAALc/kRBIdVp791w/s1600/100_1037.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCtrdxbteXI/AAAAAAAAALc/kRBIdVp791w/s320/100_1037.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5488598730111023474" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCtq7r1DS2I/AAAAAAAAALU/PC7V93-x4WI/s1600/145_0768.JPG"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCtq7r1DS2I/AAAAAAAAALU/PC7V93-x4WI/s320/145_0768.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5488598144491146082" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Aplastar el cigarrillo con el pie izquierdo después de subir la pata de la moto. Aplastarlo con la bota izquierda porque el despachante de combustible está mirando. Están mirando los otros motociclistas que esperan un poco más para que los motores calienten los aceites, o se pongan los guantes, se calcen el casco. Alguna breve acelerada en punto muerto. Alguien que se acomoda al asiento y las motos, como en procesión, van saliendo lentamente; las &lt;i&gt;choperas&lt;/i&gt; por delante, más por ser emblemáticas de las rutas que por velocidad. Y detrás de éstas las &lt;i&gt;naked &lt;/i&gt;y las&lt;i&gt; pisteras.&lt;/i&gt; Que después se irán por delante y no sabremos más de ellas.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;La primera curva siempre es lenta. Es tan solo un peralte que se toma por la inercia de la máquina y la inclinación del conductor y no por la potencia de los motores.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Amanece o amaneció hace pocos minutos. La Jawa va a la zaga. Todos le escapan a la fumarola del dos tiempos, para que las viseras de los cascos no se empañen con el vapor Elf o Motul, y despacio van tomando distancia. El motor 350 de Claudio, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Sire de las Jawas&lt;/i&gt; parece que pistonea cuando se le da la gana. A veces se escucha un cilindro, a veces los dos juntos, después el izquierdo pistonea dos veces y el derecho se toma un descanso. Ni el mejor técnico se explica esa arritmia checoslovaca pues cuando acelera el motor, éste se detiene un instante y luego ronca armónicamente. Y la fumarola de los dos escapes son como hélices girando en sentidos opuestos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Salieron de un taller mecánico mugroso de aceites viejos y cuadros oxidados afuera. Salieron de alcanforados consultorios y apenas se quitaron las chaquetas blancas por las chaquetas negras. Salieron de una avenida de seis carriles como de una callecita de pueblo. Cambiaron de oficio o profesión por los guantes y las antiparras. Hasta ayer habían sido docentes o artesanos o enfermeros o bancarios, pero como el viento en la cara es el mismo para todos, el viento les fue borrando sus historias personales a medida que transcurrían lomadas o puentes.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Algunos montan máquinas que de tan viejas es como un milagro que anden. Algunos encabalgan motos que no caben en el canon &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;custom&lt;/i&gt; porque lo importante es la filosofía del &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;motoquero&lt;/i&gt;  y no la devoción por las marcas.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Algunos incluso llevan la guitarra a los motoencuentros y, pasada la medianoche, su canción preferida es aquella que dice &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;“vamos juntos a la par”,&lt;/i&gt; y para el día aniversario de la muerte de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Carpo&lt;/i&gt; se ponen sentimentales y les pesan los cueros.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Pero volvieron con tierra roja misionera en los amortiguadores y las ruedas; con tierras blancas puntanas en las alforjas; con tierras impalpables jujeñas en las antiparras. Y todo el sol en los brazos, las mejillas, los labios quebrados. Como aviadores de naves de tela y madera, los aceites manchan a veces sus chaquetas, sus rostros. Y los motores regulan un afán de vientos diferentes y rutas que jamás se verán como dos líneas blancas tocándose en el punto de fuga.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Se meten en todos los pueblos, en todos los almacenes de ruta. Aprendieron de los paisanos a usar un cojinillo de corderito sobre el asiento. Conversan con todos, sean motoviajeros o camioneros que descansan en las banquinas. Cuando van a dormir, buscan la mejor de las estaciones de servicio y arman carpa entre &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Volvos&lt;/i&gt; y &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Scanias&lt;/i&gt;.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Y cocinan una sopa crema en un sachet de tetra brick o calientan el agua del mate en una botella de pvc, agregando ramitas al fuego de un asado ajeno. Aprendieron a viajar en dos ruedas con casi lo mínimo indispensable. En las travesías algunos se bañan poco, es cierto, porque &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;total en la ruta nadie te huele. &lt;/i&gt;Sin embargo si se enteran que hay cerveza bien fría y muchas &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;chichis&lt;/i&gt; en el bar de la vuelta, corren a bañarse así sea con agua de deshielo, se calzan sus mejores pilchas y rumbean dejando una estela no ya de Castrol de alforjas sino a Givenchy de boutique.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Son los &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Caballeros Ochentosos&lt;/i&gt;. Extraña mistura de jinetes medievales, jinetes gauchos, jinetes del tercer milenio. Y porque quizás no sean otra cosa que la natural evolución de la especie, jamás preguntan por los orígenes de los &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;motoviajeros&lt;/i&gt;, si plebeyos o nobilarios, si motos chinas o negras Harleys. Preguntan sobre rutas, cilindradas, distancias, fallas frecuentes. Preguntan por el clima, por el asado, dónde hay que comprar el vino. Aman las rutas solitarias como la patagónica RN 3 o difíciles como la RN40, más extensa que la yanqui Route 66, con toda la gloria que tenga la ruta de los beatniks. Los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Caballeros Ochentosos&lt;/i&gt; pertenecen a una raza fuera del diccionario. Se detienen si alguien, cualquiera, está parado en un camino solitario. Puede tener algún problema con la máquina. Otros frenan y paran si estamos quietos en la banquina, así sea para echar un parrafito y considerar si podemos ir juntos, a la par. Por que en los caminos solitarios, nadie está solo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Una tarde, ya entrado el ocaso, un amigo vino a mostrarme su Shadow 600. Han pasado mil años desde aquella visita. Pero me inoculó el veneno o la droga. Gervasio Magno, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Sire Omar de las Quilmes&lt;/i&gt;, afirma que a cien todavía se pueden oler los cítricos o los eucaliptos, o se puede apreciar cuando un aguilucho remonta vuelo con una culebra en las garras, o podemos detenernos a tomar algo fresco en ese boliche entre los árboles. Y no hay nada más suave que el zumbido leve de las cubiertas en el asfalto fresco de la mañana.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Y me acuerdo entonces, y por ejemplo, de Poldín de Villa Mercedes, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Sire de la Rosa Negr&lt;/i&gt;a, que trepó Jama con dos media cebollas en el filtro de aire y siguió por Atacama y cruzó los arenales del desierto peruano en la Ruta Panamericana y alcanzó Ecuador y trepó hasta el pie del volcán y siguió por Colombia hasta más allá de Cartagena para encontrar a su hijo en una GMX150. Como pienso en aquellos gurises que conocí un atardecer de Diamante con motoencuentro y mucho fernét cola, ya &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;caballeros ochentosos&lt;/i&gt; con edad sobrada para serlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Y pienso por ejemplo en Daniel, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Sire SemperIdem&lt;/i&gt;, al cruzar los Andes esquivando carabineros para llegar al Pacífico y comprender porqué hay veces en que un amor debe estar lejos, mirando el Pacífico, para que toda travesía tenga sentido de maravilla. También viajando en una moto custom de baja cilindrada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;Y en tantos, tantos más que van de norte a sur y de occidente a oriente y cuya semblanza sería muy largo leerla pero ante los cuales brindo con un buen &lt;em&gt;Havana Club&lt;/em&gt;. Caballeros Ochentosos, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;sigamos juntos, a la par. (30/06/2010)&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-7532601567342271286?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/7532601567342271286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/los-caballeros-ochentosos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/7532601567342271286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/7532601567342271286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/los-caballeros-ochentosos.html' title='Los Caballeros Ochentosos'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCtrxSOU1ZI/AAAAAAAAALk/ETjI6ftJ_LQ/s72-c/145_0180.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-4516973110459565385</id><published>2010-06-27T20:59:00.002-03:00</published><updated>2010-06-27T21:04:12.239-03:00</updated><title type='text'>Serendipia</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCfmMtayGUI/AAAAAAAAAK0/jLTRtqxZSBg/s1600/thomas_dylan.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 233px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCfmMtayGUI/AAAAAAAAAK0/jLTRtqxZSBg/s320/thomas_dylan.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5487607776998988098" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Cuando era apenas un adolescente, más gurisito que otra cosa, cayeron en mis manos las &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Rimas&lt;/i&gt; de Gustavo Adolfo. Yo caminaba todas las frías mañanas a la Escuela de Comercio acompañando a mi sempiterna amiga Margarita y le recitaba aquellos “versitos” como si fueran míos. Intentar seducir a una rubia y flaca, de patas largas como garza alborotada, y encima a las 7 menos 10 de la mañana en pleno invierno es, bien se sabe, una reverenda estupidez. Pero igual me calzaba el bléizer heredado del hermano mayor, la corbata del tío muerto, los zapatos suela tractor, y el ejemplar ajado en el bolsillo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Era facilísimo el aprender a rimar de tanto Bécquer que teníamos en la sangre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Por suerte, una tarde pude robar dos libros en una librería de usados, como para que la cabeza se me terminara de reventar entre las lecturas de Schopenhauer y Edgar Allan… los poemas de George Trakl y los poemas de Dylan Thomas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Os confieso: quizás haya sido el primer gótico de Concordia y todo el barrio, cuando la patria recién empezaba a transpirar &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Huerque Mapu&lt;/i&gt; y &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Alturas de Macchu Pichu, &lt;/i&gt;yo recorría las noches con niebla y visitaba los caserones abandonados, queriendo encontrar almas sin destino, jardines mustios, humedades, cementerios al atardecer. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Pero esos dos libros que encontré fueron una casi revelación que me sacó el Gustavo Adolfo de los caracuses y me introdujo una sangre más profunda, más oscura, más coalescente. Georg Trakl,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Dylan Thomas. Y me sentí más gótico que nunca. Escribía mis primeros versos y ellos hablaban de paisajes sombríos, páramos olvidados, flores muertas y lividez en los rostros. Y no entendía qué era &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Grodek&lt;/i&gt;, quién era &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Sonja&lt;/i&gt; o por qué “&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;la mano que firmó el papel, destruyó una ciudad&lt;/i&gt;.” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Pero luego vino la militancia y &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Huerque Mapu&lt;/i&gt; o &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Contracanto&lt;/i&gt; eran la bandera con la que íbamos &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;a desalambrar&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;a desalambrar;&lt;/i&gt; pero no había terminado de sonar el yunque cuando ya caía el nuevo martillazo que fue la dictadura, y entonces luego la infantería de marina y la no menos cruel y guerra que no fue del Beagle, y luego fuimos grandes sin ser mayores de edad, y volvimos a ser tristes y quisimos encontrar los poemas leídos años atrás. Y entonces corrimos al auxilio de nuestros padres beatniks y entonces también fue Whitman y Thoreau, y los chinos del octavo siglo, naturalmente, y las hojas de otoño caían en una avenida costanera, una tarde con llovizna y abandonos, con un trago de ginebra en la petaca, con un cigarrillo negro &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;Gitanes&lt;/i&gt; en los dedos, y yo empezaba los primeros versos de un poema largo llamado &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Los ríos de abril&lt;/i&gt;, donde hablaba del amor muerto, y que jamás publiqué.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Y pasó ese otoño y pasaron muchos otros otoños. Pasaron. Como relojes blandos, arrítmicos, desarticulados, hasta la tarde de algún tiempo atrás en que encontré el libro de poemas de Dylan Thomas en la red.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Y no quiero hablar de las lecturas, las influencias, las búsquedas. Quiero hablar de la pérdida y el encuentro de un libro y del concepto de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;serendipia&lt;/i&gt;, una palabra que me reveló una noche mi amiga Silvia Smith (&lt;a href="http://www.cielosur.com/"&gt;www.cielosur.com&lt;/a&gt;) y que para no explicarla acá puedo remitirme a la Wikipedia. Pero puedo decir que es algo así como el arte de encontrar sin buscar, y tal vez la casualidad significativa que hace de una situación instrascendente un desenlace maravilloso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Tanto a los poemas de Trakl como a la obra reunida de D. Thomas, los había perdido. Los presté y nunca pude recordar a quién. El tiempo me devolvió el libro del poeta austríaco. Pero no así el libro de Corregidor con los poemas de Dylan Thomas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Y vuelvo a la tarde en que había hallado un word con la obra del poeta de los 18 whiskys y medio. Bien se sabe, sigo fiel a los libros en papel y poca poesía leo en pantalla. El 90 por ciento de los libros que tengo a partir de la internet y los sitios de distribución de libros gratis, son impresos por mí. Me tomo el tiempo necesario para reformatear los textos en tamaño A5, los imprimo hoja a hoja en una impresora Epson de 24 agujas, los embloco, les pongo tapas hechas con cartón de cajas de pizza y sobrecubierta con buen papel ilustración o gofrado, que consigo de restos en las imprentas locales. Y hasta le pongo un colofón, cual si fuesen obras de &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;incunables digitales&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Esa tarde me sentí casi inefable cuando terminaba de encuadernar el libro con aquellos poemas tan queridos. A la madrugada tomé un colectivo a Buenos Aires. Al llegar por la mañana tomé un subte en Retiro y me bajé en una estación de calle Corrientes. Subí las escaleras al frío viento temprano de esa calle y miré hacia una vidriera de una librería de usados. Allí estaba el libro de Poemas de Dylan Thomas. Entré desaforado y lo compré y tal vez pensé secretamente que ahora no lo necesitaba pero no terminé de pagarlo cuando abrí la tapa y ví mi propia firma de adolescente cuasi gótico, en una ya deslucida tinta Pelikan. Y una fecha: 1974.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Hasta hoy, en que escribo esto, me sigue mantiendome en vilo el asombro. &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;(21/06/2010, solsticio de invierno)&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;LA MANO QUE FIRMÓ EL PAPEL&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Dylan Thomas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;La mano que firmó el papel derribó una ciudad;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;cinco dedos soberanos tasaron el aliento,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;duplicaron los muertos del orbe y diezmaron un país;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;estos cinco reyes dieron muerte a un rey.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;La mano poderosa se conduce al declive del hombro,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;la articulación de los dedos se acalambra de tiza;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;una pluma de ganso ha puesto fin al crimen&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;que puso fin al habla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;La mano que firmó el tratado engendró fiebres,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;y creció la hambruna, y las langostas vinieron;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;grande es la mano que domina al hombre&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;al vuelo de una firma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;Los cinco reyes cuentan los muertos pero no ablandan&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;la costra de la herida ni acarician el ceño;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;una mano rige la piedad como otra mano rige el paraíso;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;las manos no tienen lágrimas que verter.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-4516973110459565385?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/4516973110459565385/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/serendipia.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/4516973110459565385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/4516973110459565385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/serendipia.html' title='Serendipia'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TCfmMtayGUI/AAAAAAAAAK0/jLTRtqxZSBg/s72-c/thomas_dylan.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-7310062427319094356</id><published>2010-06-19T12:54:00.003-03:00</published><updated>2010-06-19T13:00:12.017-03:00</updated><title type='text'>Su cuerpo será camino</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBzo_kjZfRI/AAAAAAAAAKg/yysv-Z-04wc/s1600/Ulises+Abadie.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 280px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBzo_kjZfRI/AAAAAAAAAKg/yysv-Z-04wc/s320/Ulises+Abadie.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484514625071971602" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;h1&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/h1&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language:ES-MX"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-ansi-language:ES-MX;font-size:11.0pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:70.8pt"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-ansi-language:ES-MX;font-size:11.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;in memoriam Ulises Abadie&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;lo vino a encandilar la Luna&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;la curva sin estribos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;quizás los ojos de la noche agónica&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;en los ojos de ese pájaro de alas en sombras&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;que asombra del casco su visera un instante&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;apenas un instante pero cuando ya es tarde&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;y el ángel montado en su moto-locomotora-dromedario&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;barreminas-piróscafo-remolcador de espacionaves &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;que huelen a neblina en los puentes&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;en la línea de crujía de la gran motocicleta&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;la motocicleta grande como bolsa de magos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;desquiciada ya un instante antes del impacto&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;apenas un instante apenas un parpadeo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;cuando ya todo habrá de ser camino desaparecido&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;un impacto y la franja de escombros mecánicos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;como de transbordador espacial y cayendo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;como azul de cometa y cayendo con un ángel encima&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;un ángel gordo como todos los ángeles verdaderos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;un ángel-diablo como todo ángel verdadero&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;un ángel-cabra como todo ángel verdadero &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;y terco como todo cabrío verdadero&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;bajo el signo de aries con su Luna en menguante&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;en una mano sus Parisiennes en la otra mano&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;el insufrible plástico del fernet de los jueves&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;por qué acelerar la soledad la somnolencia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;cuando hubo otras noches&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;donde una caravana de luces rojas &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;tomaba las curvas de aquellas noches&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;y las luces traseras eran rojas en aquellos peraltes &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;y en perspectiva brillaban como luces de bengala cruzándose &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;en un elogio a la lentitud más que un festejo de cilindradas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;por qué acelerar la última copa las últimas risas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;cuando la noche es toda ceremonia a la vida a los amigos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;porque los caminos seguirán estando con sus sombras y sus luces&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;seguirán estando con sus nieblas y rocíos tempranos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;y seguirán estando como está ese su cuerpo de ángel caído&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;porque en nosotros su cuerpo ya es camino&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;porque en nosotros su alma ya es memoria&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;(mayo/2010)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-ansi-language: ES-MX;font-size:11.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-ansi-language: ES-MX;font-size:11.0pt;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX"  style="mso-ansi-language: ES-MX;font-size:11.0pt;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-7310062427319094356?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/7310062427319094356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/su-cuerpo-sera-camino.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/7310062427319094356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/7310062427319094356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/su-cuerpo-sera-camino.html' title='Su cuerpo será camino'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBzo_kjZfRI/AAAAAAAAAKg/yysv-Z-04wc/s72-c/Ulises+Abadie.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-6165776899496264899</id><published>2010-06-19T09:45:00.010-03:00</published><updated>2010-06-19T14:40:07.141-03:00</updated><title type='text'>Historia de la Astronomía</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBzPJHDh5RI/AAAAAAAAAKY/BmNO0bE1i7A/s1600/cartel+gastelacoteano+1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBzPJHDh5RI/AAAAAAAAAKY/BmNO0bE1i7A/s320/cartel+gastelacoteano+1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484486201650046226" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBzOuL7poeI/AAAAAAAAAKQ/3O3gWQw_ssA/s1600/catafalco+gastelacoteano+copia.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 222px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBzOuL7poeI/AAAAAAAAAKQ/3O3gWQw_ssA/s320/catafalco+gastelacoteano+copia.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484485739102708194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Algún verano de los años setenta tuvo quizá su momento inolvidable, “&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;unforgettable&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;”; como dice la vieja canción de Nat King Cole. Pongamos por caso el verano del ´74/´75, pues recuerdo en particular ese verano porque entonces los ojos de Margarita me habían sugerido cosas más suaves que su nativa actitud arisca hacia mis impulsos adolescentes.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ese verano aprendí a nadar un poco y con los ojos abiertos a mirar el río desde adentro del río; aprendí a volver más tarde de los bailes, apagando el último Colt de los tres que compraba sueltos; aprendí cómo hacer para arrancar el viejo Oppel Olimpia, dos cuadras más lejos del dormitorio de mi padre y cómo devolverlo estacionándolo apagado; aprendí a saltar muros para entrar de colado en los cumpleaños de quince donde ella era la invitada, pero no yo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y aprendí a andar por los techos con un telescopio de juguete marca Tasquito, buscando un racimo de estrellas que me dijera algo más que el deslomado ejemplar de la “Cosmografía”; de don Florencio Chardola. Y que jamás encontraría con tal catalejo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Una tardecita de ésas me dice mi padre: “en la costanera ha de estar el loco Gastelacoto con el telescopio”;. Bien se sabe, como dice la leyenda, que hay dos porfías en mi haber que jamás claudicaron. Una era “llevame a pescar”; y la otra era “quiero un telescopio”;. Así es como partimos aquella vez a conocer el telescopio del “&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;loco Gastelacoto&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;”.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El personaje en cuestión, Héctor Julián, a quien conocíamos perfectamente por vecindad estrafalaria, de la edad de mi padre probablemente, ya para entonces había andado de autodidacta por unas cuantas ramas de las ciencias oficiales y otras tantas de las extraoficiales. Por aquellos tiempos, habiéndose hecho lector obstinado de Idries Shah, terminaba en el sufismo después de haber sido expulsado del partido socialista. Una pintada callejera lo recordaba con su propia firma: “&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Gastelacoto volverá&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;”.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¿Quién sabe de dónde sacó la descabellada, desbrujulada, desenfadada idea de hacer un telescopio? Pero lo hizo. A lo mejor por aquella enseñanza de los textos sufis cuando recomendaban que todo trabajo intelectual debía tener su contraparte artesanal, remitiéndose a los derviches Mevlevis, tejedores de alfombras, a los maulanas y hasta al propio Rumi de Basra.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo cierto es que el personaje en cuestión instalaba su artefacto en la costanera o en la Plaza Urquiza de mi ciudad y con unos pobres carteles mal escritos invitaba a los paseantes a mirar los planetas, la luna, algún cúmulo. Y cobraba por ello. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“La luna $ 10.000. Saturno o Jupiter, $12.000”.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;No recuerdo si aquella noche vi algún planeta. Solo recuerdo hacer una larga cola ante el misterioso instrumento y a mi padre llevando la mano en el bolsillo en el momento que me acercaba al ocular de una pulgada “&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;made in RUBA”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Lo que sí recuerdo, y que jamás le perdoné, es que todas las veces siguientes en que yo volvía, jamás pero jamás de los jamases me permitió mirar gratis con el telescopio. Sentado en una silleta playera, tan destartalada como el telescopio y tomando mates, me contaba de todo el proceso constructivo. De cómo viajaba los viernes a Buenos Aires, para llevar el espejo a la Asociación Argentina Aficionados a la Astronomía, sin oblar pasajes de tren (era ferroviario, naturalmente); me hablaba de los vidrios que se necesitaban; de la lectura del viejo manual de Texereau, casi como sabiéndolo de memoria. Pero jamás me permitió mirar gratis. Yo daba vueltas en torno al telescopio, estudiaba aquellos engranajes, aquellas varillas roscadas, me acercaba al ocular, y el loco Gastelacoto, como mirando para otro lado decía &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“la Luna diez mil, Saturno doce mil”.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Yo no tenía ni siquiera una moneda como para mirar siquiera la Luna pero tampoco quería trocar el ocular del catafalco-telescopio por la mirada de Margarita, y sin embargo igual seguía soñando con cúmulos y nebulosas magallánicas y con mi telescopio de juguete la quería convencer a subir a los techos a medianoche, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“porque las estrellas se ven mejor cuando no hay nadie”.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hasta el mediodía de un sábado de otro verano en el lejano futuro, en que llega a mi casa el amigo Carlos Blanc y me dice: “mirá lo que traigo en la camioneta”. Era el telescopio aquél, treinta y tantos años más tarde. Y junto a él, dos carteles mal escritos que, desde el polvo y el olvido, siguen invitando, como atractivo de feria, a mirar &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;la Luna por diez mil y a Júpiter por doce mil.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¡¿Qué misterio, qué terrible misterio explicará este regreso?! Y por qué o por cuáles caminos de la amistad, me hace regresar tanto tiempo en mi historia, que tal vez sea también la historia de la astronomía en Concordia. ¿Encontrarme de pronto un sábado con el primer telescopio que se construyó en esta ciudad y al cual habíamos dado por fenecido como su constructor y dueño? ¿Qué misterio opera así en nuestras vidas? ¿Como llamar, cómo denominar, cómo nombrar esta coincidencia significativa? ¿Esta especie de serendipia con efecto retrógrado?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En la camioneta de Carlitos descansaba, saliendo del olvido, una montura hecha con maderitas de cajón de frutas, engarzada por oxidados flejes y varillas roscadas, y un tubo de chapa galvanizada ya con la pintura descascarada. Y allí, al fondo del tubo, su espejito de 150mm f/10, que aún conservaba el aluminizado en perfectas condiciones.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Días más tarde, mientras lavaba el espejo del telescopio, me acordé de aquel verano, del río y de mi amiga. El espejo no mostraba ni un solo rayón, ni un solo borde descascarado, nada. Terminé el lavado del espejo y me senté a escribir estas líneas algunos días más tarde. En ese aquel de descubrimiento no hubiera podido. Y sin embargo mucho después me asistió el asombro, sosteniéndome en vilo el misterio.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;El telescopio, que alguna vez sirvió para que un personaje de la bohemia local cobrara por ver la Luna, ahora será patrimonio de una ciudad que fue, de un mundo que fue, de unos setenta que fueron. Pero es terrible la nostalgia. Es terrible. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;22/12/2007&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;mso-bidi-font-size:12.0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-6165776899496264899?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/6165776899496264899/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/historia-de-la-astronomia.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/6165776899496264899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/6165776899496264899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/historia-de-la-astronomia.html' title='Historia de la Astronomía'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBzPJHDh5RI/AAAAAAAAAKY/BmNO0bE1i7A/s72-c/cartel+gastelacoteano+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6082631043781689969.post-4641741982710479914</id><published>2010-06-18T19:41:00.003-03:00</published><updated>2010-06-18T19:51:52.108-03:00</updated><title type='text'>Alegraos y regocijáos!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBv4c61OY5I/AAAAAAAAAJw/iqUZRp73zLE/s1600/PIPO02.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBv4c61OY5I/AAAAAAAAAJw/iqUZRp73zLE/s320/PIPO02.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484250146966234002" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBv3Aom-86I/AAAAAAAAAJg/onLptSz_v50/s1600/EL+TIO+PIPO.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBv3Aom-86I/AAAAAAAAAJg/onLptSz_v50/s320/EL+TIO+PIPO.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484248561526698914" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Yo tuve un tío, hermano de mi madre y mayor que ella, que siempre cuando llegaba —generalmente con tal don de la oportunidad pues lo hacía en medio de un gran caos de enojos y discusiones—, anunciaba con voz tonante: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Alegráos y regocijáos!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Inmediatamente todas las voces destempladas cambiaban de modulación, las miradas de láser lo apuntaban como fusileros SWAT y acto seguido pasaba a ser el centro anticiclónico de las furias que quedaban por descargar. Los platos volvían solos a la alacena, los tenedores se enderezaban, los libros repetían las lecciones que no aprendíamos y el perro desaparecía de tal modo que había que buscarlo hasta arriba del techo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Mi tío, que se llamaba Jorge pero le decíamos Pipo, era de alguna forma el modelo incompleto del tío que todos quisimos tener cuando chicos. Hablaba de lo que en casa no se hablaba, consentía los hobbies infantiles, siempre andaba atrás de algún invento estrafalario o reparando el dínamo de la Royald Enfield 500 que tenía de 0Km. Y salir a dar una vuelta en esa máquina modelo 1949 era la invitación más fantástica que podríamos recibir, aunque al regreso, una pistola &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;fazer&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; nos estaba esperando desde la esquina, bien afinado, para perforarnos hasta el alma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hombre piadoso y fervoroso que tuvo 9 hijos, les enseño a varios de ellos al arte del código morse, porque decía que algún día podrían trabajar en el correo o el ferrocarril. Cada uno tenía un manipulador chiquito, "made in casa" y él uno lateral que había comprado segunda mano. Entrar al medio día a su comedor era hacerlo a una fiesta de alborotos de tenedores contra vasos y cuchillos contra jarras, que más parecía una jam session que un diálogo infernal de cristales sacudidos por el estropicio de los punto-barra punto punto barra barra, tira dira tirá dirá. Eran los almuerzos de los códigos distintos donde nadie absolutamente nadie te llevaba el apunte, los ojos perdidos en la pared mientras sucedía el zafarrancho morsístico y las sopas seguían enfriándose en los platos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pipo era el fiel representante de esa clase de hombres que ya no existen. Formado a los ponchazos, con apenas la escuela primaria hecha, intentó vivir de un taller de armado de bicicletas, intentó vivir de un taller de armado de radios, y terminó de obrero electricista en un frigorífico hasta una madrugada en que la Enfield no pudo luchar más contra el arenal del camino y lo sacó afuera. Cayeron ambos y Pipo ya no pudo levantarse hasta que salió el sol y lo encontraron enredados en los cables y casi congelado en las escarchas del pasto, con la moto encima, tal vez todavía con los aceites calientes del motor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Se refugió entonces en su taller, el QTH, de donde salía a veces para anunciar: "&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;anoche salvé un mickey mouse en el Indico"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;, o &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"la encontramos a Shila, perdida en Bangkok, los padres la van a buscar desde Darwin, Australia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;". No sé qué recuerdo guardo de estos anuncios, si credulidad o fantasia o diversión o qué. Pero yo entraba silenciosamente y siempre lo encontraba claveteando una postal de China o Kuala Lumpur, Viena u Oslo, Michigan o Honolulú, y entonces era como si cayera en las selvas de Sandokán o me fuera otra vez a las 20.000 leguas de Julio Verne, mientras las radiofrecuencias se ponían radiantes, las válvulas alcanzaban una temperatura de punto caramelo, los capacitores estaban gordos de electrovoltios, y por los parlantes salía un concierto de música electroacústica que sonaba mejor que los violines de Zagreb: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"Aquí Radio Moscú internacional transmitiendo en la banda de 49 metros"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; o los primeros tonos de las campanas del Big Beng traían cierta tranquilidad ideológica y una voz de teatro anticipaba &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"good night, ist the British Broadcasting Corporation".&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Y Pipo entonces manejaba los controles del &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hallicrafters &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;y el receptor Telefunken buscando el código Q que alertara de un C3 Dakota en picada, un meremoto en Valdivia, o la reaparición de un viejo amigo perdido hace años en el infinito de las hertzianas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hasta la madrugada en que la Royald Enfield no pudo más, y ella y él se fueron a las arenas de la banquina. Y como una pareja fiel, comenzaron la lenta e inexorable declinación, y ya no hubo tanto morse ni barcos fantasmas reencontrados ni misterios en las islas Aleutianas. Y todos nos fuimos quedando como más silenciosos, más creciendo en la edad, y más estúpidos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y ya no pudimos volver a regocijarnos, ni alegrarnos. Esta tarde en que llueve tanto otra vez, un destello como de fuegos de San Telmo pone luz en una lejana antena de radio. Y me acuerdo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;06/03/2007&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6082631043781689969-4641741982710479914?l=cronicasdebluerider.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/feeds/4641741982710479914/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/alegraos-y-regocijaos.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/4641741982710479914'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6082631043781689969/posts/default/4641741982710479914'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicasdebluerider.blogspot.com/2010/06/alegraos-y-regocijaos.html' title='Alegraos y regocijáos!'/><author><name>juan meneguín</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16201040410011917265</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='20' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/S5Ub7hgEFpI/AAAAAAAAAA4/_BdlfELRCyY/S220/con+daelim.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Rq4lgbQCIzw/TBv4c61OY5I/AAAAAAAAAJw/iqUZRp73zLE/s72-c/PIPO02.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
